Donde la literatura y la maldad se toman un té

sábado, 29 de noviembre de 2014

Yo también quiero ser escritor (4)

Sobre desfamiliarización y por qué a los escritores sus familias no los quieren. 


Aquí ZarzaRoja, cambio. 

… 

No me hagáis caso, llevo unos días muy tontos. Cada vez que hablo por Skype con Cicuta utilizamos el cambio y corto porque internet va como quiere y sino es muy difícil mantener una conversación a derechas. Pero reconozco que me gusta. Me recuerda a aquel año en que me regalaron un par de walkie-talkies y mi hermano se empeñó en que aprendiéramos código morse. Sus primeras palabras fueron: H-O-L-A, V-A-C-A. Las mías: A-D-I-Ó-S, F-O-C-A. 


Vosotros diréis lo que queráis, pero habríamos sido los agentes especiales más guays del universo. Sabíamos de todo. Juntos aprendimos conocimientos muy necesarios para desenvolverse en el mundo, por ejemplo, a usar palillos chinos robando la comida del plato del otro y a atar nudos marineros amordazándonos a sillas. Aprendimos a escribir quenya para insultarnos en otro alfabeto y a cazar pulpos con las manos. 

Y también aprendimos morse en una tarde. 

Me gusta el código morse. Me recuerda a Tintín, a El conde de Montecristo, a Balto y a H-O-L-A, V-A-C-A/A-D-I-Ó-S, F-O-C-A. A cosas importantes. Me gustaría tener uno de esos telégrafos que había que ir pulsando con el dedo. Stop. Y un gramófono. Siempre he pensado que los gramófonos son como aparatos de morse, pero con trompeta. 

Stop. Cambio. 

No sé si os habréis dado cuenta, porque de hecho este es un intento muy pobre (estas cosas se me ocurren cuando tengo que escribir literatura, pero ahí de mí como tenga que pensar ejemplos con fines didácticos): lo que he estado haciendo ahí arriba se llama desfamiliarización. Técnica también conocida como extrañamiento

Hace unas semanas, nuestra querida Amaranto preguntó al respecto y yo me comprometí a escribir una entrada desarrollando el tema. Bien. Aquí me tenéis. 


¿Qué es la desfamiliarización? 


Un recurso narrativo que, contrariamente a lo que pueda parecer, no, no consiste en deshacerse de la familia de uno. No es esa la razón por la cual a los escritores los odian en su casa.

Es un concepto que se remonta al siglo XIX, en Rusia. Si queréis podéis curiosear algo de Víktor Shklovski e informaros más al respecto.

Aparte de decir que es una palabra impronunciable (no, en serio, intentadlo. No sabéis lo que es dar este término en clase), podría incluir aquí una definición sesuda acompañada de una extensa bibliografía, pero creo que no es así como mejor se va a entender este concepto, así que voy a ir a lo sencillo: desfamiliarizar es dejar de contar las cosas como las sabemos y empezar a contarlas como las sentimos.

¿Realidad compartida?
¿Qué es eso?
Por cierto. No os hacéis idea lo difícil que es hacer esta entrada sin haber explicado antes ciertos conceptos como realidad compartida o resumen narrativo. Voy a ponerle arreglo a esto y a intentar no meterme en camisa de once varas por el camino.

La realidad compartida es lo que entendemos en nuestro contexto social por normalidad. Como os imaginaréis no es algo que permanezca estático, sino que varía según la época y el lugar. Por ejemplo. Hoy en día, en nuestro mundo occidental, la realidad compartida es que una persona llore/esté triste en el funeral de su padre. Ahora bien, si lo que escribimos se compone en todo momento de lugares comunes como este (yuju, otra concepto. Este lo buscáis en Wikipedia), no estamos obligando al lector a interpretar, sino a pasar por un camino muchas veces transitado. Eso no es arte.

A lo mejor tendría que haber empezado por ahí. Me siento como un árbol que os quiere dar manzanas, pero me temo que voy a acabar ametrallándoos con ellas, como esas máquinas que disparan pelotas de tenis como si esto fuera el apocalipsis zombi.

¿Qué es el arte?

Pasar mucho frío :D

...

Desde aquí puedo sentir vuestras incontrolables ganas de agredirme (o ametrallarme con manzanas. O pelotas de tenis). Me complace deciros una de las ventajas del anonimato es que puedo hacer todos los chistes malos que quiera sin temer por mi integridad física.

¡Muajajajajaja! En verdad soy malvada.

Volviendo al tema que nos atañe, tengo que admitir que no sabría definir qué es el arte.

Bueno. Es decir, miento. Tengo una idea de lo que es el arte, pero vamos a ponernos socráticos (eso sí, dejémonos de pretensiones y falsos diálogos, aquí sólo hablo yo) y a usar la mayéutica.

Paraos un momento y pensad en estas preguntas. ¿Por qué leemos libros? ¿Para qué vemos una película? ¿Por qué leemos una carta, o un email? ¿Para qué miramos un cuadro, o escuchamos una canción?

Al que me diga "para entretenernos" le doy un puñetazo en la boca. Avisados quedáis.

Al que me diga “para sentir”/”para viajar a otros mundos” le doy dos.

Ya. Sé que Sócrates no era tan drástico en sus métodos. Ah, criaturas. ¿Por qué creéis que Cicuta lo envenenó?

Volviendo a la pregunta que nos inquieta (me refiero a la que atañe a los libros y a las cartas, no a la de Cicuta y su supuesto historial homicida: esa era una pregunta retórica y sólo os inquieta a vosotros), os voy a responder yo (aunque espero que en casa hayáis contestado todos muy diligentemente a la pantalla del ordenador: si los espectadores de Dora la Exploradora lo hacen, vosotros no vais a ser menos). Cuando un amigo te envía un email, lo lees porque tu amigo tiene algo que contarte.

Así de sencillo.

Pues igual sucede con el arte. O debería. Porque por desgracia vivimos en el mundo en el que vivimos (y sí, las tautologías son terribles). Para que podamos considerar algo arte tiene que querer transmitir algo, tiene que tener un sentido. Esa es la diferencia entre un garabato de niño de guardería y un cuadro abstracto. Voilà.

Evidentemente, no basta con querer transmitir algo. Titanic quiere decir muchas cosas bonitas sobre el amor, y eso no lo convierte en arte (más bien todo lo contrario, un núcleo facilón es otro lugar común que conviene evitar, aunque mejor algo que nada). También hay que tener cierta técnica, y hay que apoyar lo que se quiere contar a lo largo de la narración. Es decir, hay que justificar los elementos usados en vuestra obra con lo que le queréis decir a quien os lee/escucha/mira. O sea, que si queréis hablar sobre la pérdida de la inocencia, vais a buscar un narrador acorde, un personaje acorde (hay un personaje perfecto para cada conflicto), una trama acorde, unas escenas acordes y un lenguaje acorde (metáforas incluidas). Cada coma tiene que estar justificada, no sé si me explico. No me vale “es que esto queda bonito aquí”. La estética no es un fin en sí mismo, lo siento. Esa es la diferencia entre los cuadros que cuelgas en tu casa y los que se cuelgan en galerías de arte.

Ya hablaremos otro día de Burke, de Kant y de la Belleza versus lo Sublime.

Dicho esto, y ahora que ya sabéis que el arte tiene que querer decir algo, me gustaría también incluir aquí una cita de de Oscar Wilde: 

La mala poesía nace de sentimientos reales. El que es natural es transparente y, en consecuencia, nada artístico

No basta con querer decir algo, así a las bravas, porque para eso te dejas de estupideces y lo dices. Si tu mensaje es que el amor supera todos los obstáculos no hace falta escribir una novela sobre eso. Deja de malgastar tu tiempo y el de los demás (y papel, por Dios, ¿sabéis cuánto daño le han hecho Harry Potter y Crepúsculo al Amazonas?) y escribe esa preciosa frase en tu carpeta del instituto.

No. El arte es engaño, por eso los escritores son todos unas personas horribles.

Así pues, hay querer decir algo, pero no de cualquier forma, sino a lo Kafka (incluyo la versión corta de esta cita suya): 

Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo?... Un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro. 

Porque tu mensaje es tan importante que no te basta con hacerlo a lo Gryffindor, necesitas que el lector lo viva para que se quede bien grabado a fuego en su pobre cráneo fracturado. Por eso se escriben novelas. Porque no hay mejor maestro que una mano quemada. Por supuesto, es ilegal ir quemando extremidades ajenas, pero sí puedes escribir libros manipulando lectores impunemente.

Tras todo esto, os dejo la definición de arte de la RAE (es la segunda, la primera se refiere a hacer las cosas “con arte”, y eso hace referencia a virtud o habilidad, no a cuestiones profundas como esta :D):

Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros. 

¿Si un niño pinta un unicornio es arte? Es indiscutible que se trata de una manifestación de la actividad humana. Expresa también una visión personal que interpreta lo imaginado con recursos plásticos. ¿Qué opináis vosotros? Personalmente, me parece que la definición de la RAE es muy simplista (habría que hacer hincapié en eso de la visión, creo yo) y prefiero la mía, pero ya veis por dónde van los tiros.

Una vez dicho esto, sólo quiero recalcar que vuestra obra va a ser una representación de la realidad, no la realidad en sí (una interpretación, como dice la RAE). No existe un relato completamente objetivo, nunca. Desde el momento en que alguien lo cuenta ya está siendo manipulado. Cuando recordamos una vivencia pasada ya la estamos manipulando. Por supuesto, los narradores omniscientes os intentarán convencer de lo contrario, y como buenos lectores debéis dejaros convencer si se hace razonablemente bien… Pero no está de más que lo tengáis en cuenta, sobre todo si queréis escribir.

¡No, Kafka, no lo hagas!
Ahora que ya tenéis claro lo que opinaba Kafka sobre los libros, supongo que entenderéis por qué no es buena idea usar demasiados lugares comunes en una historia. Y no, no es porque Kafka vaya a aparecer entonces para abriros la cabeza con un hacha. Sino porque eso no sacude al lector.


Por supuesto es importante conocer la realidad compartida, porque es conocer la mente del lector y lo que espera encontrar en las distintas escenas. Ese es el momento en que el villano autor que está sentado al otro lado de la pantalla rompe la realidad compartida y obliga a al lector a interpretar (y a llevarse las manos al chichón que le acaba de salir en la frente).

Por supuesto, si vais a romper la realidad compartida tiene que estar justificado, como todo. Por ejemplo, si queréis hablar de la pérdida de la inocencia y habláis de un niño que, digamos, abusa de otro y se queda tan tranquilo, vais a tener que justificarlo para que el lector se lo crea (a poder ser con algo un poco más elaborado que “es que está loco”. Lo creeréis o no, pero las personas locas también tienen psicología, no es un “todo vale”).

Sin embargo, también tenéis la opción de no romper la realidad compartida y que aun así no os quede un texto plano. ¿Cómo? Mediante la desfamiliarización, por ejemplo.

La desfamiliarización no rompe la realidad compartida, sino que la presenta de otra forma. Te obliga a adoptar una mirada distinta. También es especialmente útil para cuando tienes que informar al lector de algo y no merece la pena poner una escena, así que se lo resumes. Eso se llama resumen narrativo, y no es literatura, de la misma forma que no es literatura una chica resumiéndole un partido de fútbol a una amiga. Una buena solución, como digo, es desfamiliarizar (otra opción es ahorrárselo y que el lector se las componga como pueda. A eso se le llama silencio narrativo). Como todo, sirve para muchos propósitos. La cuestión es que seáis creativos.

Cuando hablé con Amaranto del tema, se lo expliqué de esta forma. Os lo incluyo por si os resulta útil. Si queréis leer la conversación entera está en los comentarios de esta entrada:

Desfamiliarizar es dejar de decir las cosas como las sabemos y empezar a decirlas como las sentimos. Las metáforas son una forma de desfamiliarizar, pero hay más. Las que importan a la hora de romper el resumen narrativo atañen más a la visión del personaje sobre el mundo (útil sobre todo para los narradores en primera persona). Por ejemplo, es muy común usar en estos casos la inocencia de los niños (o cualquier otra característica que haga la mirada del personaje distinta). Un resumen narrativo hecho de forma más o menos aceptable 'podría' ser este ('podría', porque se me resisten los resúmenes narrativos):

"No me gustaba vivir en el centro, porque nuestro piso era pequeño y mamá me pillaba siempre que me colaba a escondidas en la cocina para coger galletas. Aunque es verdad que al principio estaba todo lleno de cajas de cartón y papel de burbujitas, así que tenía muchos sitios para esconderme y dar sustos. Lo que pasa es que a veces descubría a mamá llorando, y entonces me quedaba quieta, tapándome los oídos, apretando muy fuerte la cara contra las rodillas. Y me di cuenta de que en el fondo no me gusta ocultarme ni pillar a la gente desprevenida.

Pero lo que menos me gustaba es que la abuela venía a buscarme al colegio y yo tenía que quedarme toda la tarde en su casa. La abuela es una de esas personas que guardan un montón de cajas metálicas por los cajones. Esas redondas, con imágenes de pastas danesas en la tapa. Sólo que cuando las abres nunca hay galletas dentro, sino ovillos de lana y agujas de tejer. La abuela es de ese tipo de personas. Nunca te puedes fiar."



Esto es un resumen narrativo. ¿Quién lo desfamiliarizará? El desfamiliarizador que lo desfamiliarice buen desfamiliarizador será :D Si sois capaces de decirlo en voz alta a la primera os doy permiso para pedirme una galleta.

En fin. Planteaos lo siguiente.

¿Habéis visto la película de Thorso, la primera? Yo sí, y la odio. La vi mientras leía Los juegos del hambre en un avión y me sentí entre dos fuegos. Fue angustioso. La cuestión es que Thor es expulsado de su mundo, por cafre, y condenado a vivir en la Tierra hasta que consiga darse cuenta que a un héroe verdadero no se le mide por la magnitud de su fuerza, sino por la fuerza de su corazón, y logre sacar a Excalibur Miuh-miuh de la roca donde está incrustado.


Trama rompedora. Lo sé. Y eso es porque aún no os he hablado de Gríma Lengua de Serpiente Loki, el hermano adoptado y usurpador.

Centrémonos.

¿Dos hermanos opuestos como la noche y el día?
¿El moreno es retorcido y pretende dar un golpe de Estado?
Nah, jamás lo había visto antes.
Poneos en la piel de Thor en ese viaje a la Tierra, sin poderes y obligado a confiar en su inteligencia (*inserte aquí risa descontrolada*) para sobrevivir. ¿En qué cosas se fijaría? ¿Qué le resultaría extraño? ¿Qué pensaría de las costumbres que le rodean? Si sois valientes y os atrevéis a escribir un fanfic al respecto yo me lo leo, pero tenéis que tener en cuenta que la visión de este personaje va a ser muy distinta a la vuestra, así que tendréis que poneros en su piel y mirar a través de sus ojos. Si lo hacéis bien, puede que os salga una desfamiliarización. Un consejo: evitad los clichés. Por Dios. Desfamiliarizar es lo opuesto a usar un cliché.

Y con esto, llegamos a la parte en la que os cuento qué tipos de desfamiliarización hay.

Una son las metáforas (y quien dice metáforas, dice comparaciones y otros tropos). Por ejemplo. Cuando David Foster Wallace habla de temperaturas uterinas, pasillos umbilicales y una luna como un limón obscenamente grande, está siendo un genio y hay que darle un maldito abrazo.

Excepto porque está muerto. Monstruos.

Otra caso de desfamiliarización es la de jugar con la visión del personaje. Es el ejemplo de Thor. Hicimos en clase un experimento muy simpático al respecto (al respecto de la desfamiliarización, no de Thor) y el resultado fue interesante. Recordadme que otro día os lo cuente, esta entrada ya me está quedando suficientemente larga.

A medio camino entre estos dos, hay una forma de desfamiliarizar que a mí, en el resultado, me recuerda a la metonimia (no sé, “juró lealtad a la bandera refiriéndose al país). Por ejemplo, en vez de decir que un personaje lleva cinco minutos esperando el bus con los cascos, dices que lleva dos canciones esperando. La diferencia es que en el primer caso este tipo de expresiones son lugares comunes y pueden considerarse received text, y en el segundo el autor tiene que ponerse manos a la obra e inventarse algo que tenga sentido y cuadre con lo que quiere contar del personaje y la historia (ahora que lo pienso, hace unas semanas escribí una de estas. Yay).

Otro caso es el de la estilización. Este es el que menos recuerdo y el que menos trabajado tengo. Supongo que lo definiría como un vacío, un escalón entre lo que entendemos por la realidad y la manera de presentar dicha realidad (este me parece a medio camino entre la desfamiliarización como tal y romper la realidad compartida). Un ejemplo sería Tarantino. La utiliza mucho. No sé, la escena en la que una chica se pone a matar gente con una katana en un jardín zen y suena la música de Malagueña salerosa de fondo. ¿Veis el hueco? Es como un salto de los que hay que dar entre el metro y el andén. O como bajar una escalera a oscuras. Llegas al final y crees que va a haber otro peldaño pero, cuando pisas, de repente el suelo está ahí. La estilización siempre me da una sensación rara.

En fin. Hasta aquí voy a hablar de desfamiliarización. ¿Os ha quedado claro? ¿Qué os parece como recurso narrativo?

Por cierto, se me ocurre una cosa. Como sabéis, soy un mal bicho de primera. Así que es posible que haya mentido descaradamente cuando dije que había utilizado la desfamiliarización al principio de esta entrada o en el ejemplo de la abuela (en el comentario que le escribí a Amaranto). ¿Queréis comprobar si habéis entendido bien el concepto de desfamiliarización? Pues decidme si creéis que he usado ese recurso en los casos que os comento y si es así en qué partes, o de qué tipo. A ver si acertáis XD





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Somos dos chicas aficionadas a la lectura y en nuestro blog podéis encontrar reseñas de todo tipo y otras secciones interesantes como debates o nuestra Cadena de libros. Estamos encantadas de ser patrocinadoras de estas Malas Hierbas para que desarrollen el macabro plan que se traen entre manos y nos hagan la vida un poquito más feliz a todos.

13 comentarios :

  1. Muy a mi pesar, me parece que no he terminado de entender el concepto de desfamiliarización, y más teniendo en cuenta que los ejemplos que has puesto pueden no ser buenos ejemplos (mal bicho de primera... xD).
    De todos modos, llevaba como tres horas haciendo una traducción, así que tengo la cabeza bastante embotada. Además, creo que una de las cosas que me impiden acabar de entenderlo (a parte del cansancio que llevo ahora) es que no tengo interiorizados algunos de los conceptos que usas, y el "esfuerzo" que tengo que hacer para entenderlos es mayor. Volveré a leerme la entrada en otro rato, a ver si entonces lo pillo mejor.

    Por cierto, quiero mi galleta e.e

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  2. La verdad es que el concepto de desfamiliarización es, en mi opinión, uno de los más complicados (si no el más). Yo creo que te puede ayudar verlo con ejemplos claros (si Zarza no fuera tan zorra, y pusiera ejemplos claros, claro está :D).

    A partir de ahora, intentaré señalar desfamiliarizaciones que encuentre en las lecturas es incluirlas en la sección de citas y comentarios, aunque teniendo en cuenta el tipo de libros que yo leo... es raro que me encuentre ese recurso en concreto, me temo ^^' Si te sirve, creo que marqué una desfamiliarizción en la crítica de Mentes Poderosas, de Alexandra Bracken.

    O.

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  3. Para mí estas entradas son más útiles que pediros una corrección. En realidad, digo esto para no reconocer que soy un cobarde sin remedio y que prefiero leerme de cabo a rabo las hojas encuadernadas que dicen que ha escrito Belén Esteban, antes que ponerme frente a una cámara.

    Por cierto, habláis tanto de Foster Wallace que el otro día fui a la biblioteca buscando un libro suyo y cogí El rey pálido. Por ahora me está gustando mucho. A ver si os animáis a subir una entrada sobre uno de sus libros y aprovecho para comentarlo cuando acabe.

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  4. Cielos. No recuerdo si fue cosa de Ortiga o de Cicuta nombrar a la sección de Los olvidados así, pero quien quiera que fuera de las dos acertó de pleno.

    Ya HAY una entrada sobre un libro de David Foster Wallace. Por favor, pasen y vean:
    http://lasmalashierbasnuncamueren.blogspot.com.es/2014/02/algo-supuestamente-divertido-que-nunca.html

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  5. A mí esto de la desfamiliarización me confunde. Creo que lo entiendo, pero por otro lado creo que no lo entenderé nunca. De hecho, seguramente las habré empleado sin darme cuenta, como otras técnicas que luego descubro que existen y tienen su nombre y eso, y cuando lo descubro siempre pienso... "ahh, pues eso fijo que lo he hecho y ni me he coscado".
    Aun así, algo más he pillado, así que gracias, Zarza, por su conocimientos y tu sabiduría infinita.

    PD: Cuando os leo siempre me surge una duda. Con tantísimos conocimientos como tenéis podríais escribir una mega novela genial y maravillosa. ¿Por qué no lo hacéis?

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  6. Bueno, estrictamente hablando, tener los conocimientos y saber aplicarlos no tiene por qué ir de la mano con tener la creatividad necesaria para ello. En todo caso, tanto Zarza como Cicuta como yo escribimos. ¿Qué te hace suponer lo contrario? xD

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  7. Sé que escribís, pero no sé si escribís novelas (no a todos les gusta, otros prefieren los relatos), si os gustaría publicar o solo lo hacéis por gusto. Algún día podríais compartir algo vuestro :-)

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  8. Mmmm... bueno, no se supone que esto sea un blog donde compartir nuestros propios escritos, pero quizá si en Navidades estoy de un buen mal humor me anime a colgar algo mío, como regalo excepcional. Quizá hasta cuelgue algo viejo, para que todos nos podamos reír de mi yo de 15 años. Me lo pensaré... xD

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  9. Cada vez que leo una de estas entradas me quedo con la sensación de que debería viajar en el tiempo, a cuando tenía 16, y decirme "NO ESCRIBAS NADA", pero según entiendo sólo podemos viajar al futuro, así que debo vivir con esta culpa que me hacen sentir. A ver, no pude entender la desfamilirizacion en el primer ejemplo, pero en el de la niña CREO entender que ocupas la inocencia de la niña para contar varias cosas; primeramente no se menciona al padre y ella dice que encontraba a su mamá llorando y también habla de cajas con burbujas, por tanto es un cambio reciente, lo que no me queda claro es la parte de la abuela, no se explica porque no le gustaba estar en su casa y eso de que no es una persona de fiar me causa rareza.
    Ortiga, me encantaría leer algo tuyo. En verdad, de todas.
    Podríamos hacer una sección de "humillaciones navideñas" o algo para el día de los inocentes, inocentes porque creíamos ser buenas escribiendo.

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  10. ¡Esa es una idea fantástica, tamiester9! Me encanta, en serio, ahora mismo voy a hablarlo con Zarza.

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  11. Creo que he aprendido y desaprendido mucho.
    Como siempre, gracias por estas entradas.

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  12. ¡Yo leo para entretenerme mientras viajo a otros mundos! ¡Y, de la misma forma que yo no puedo dispararte manzanas, tú no puedes pegarme los tres puñetazos! Ventajas y desventajas de Internet y el anonimato muajajajajaja.

    Ahora en serio, vendría bien que colgaras esa entrada sobre el ejercicio de clase, porque todo esto de las desfamiliarizaciones es lo típico al explicártelo lo entiendes, pero luego es muy difícil verlo a la hora de leer/ escribir.

    Y no me termina de quedar claro qué es la estilización ni si es bueno o malo romper la realidad compartida.

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  13. Schklovsky, en el artículo, pone varios ejemplos de extrañamiento, pero el más fácil de entender es el de las adivinanzas, tal como lo explica también Rodari en su Gramática de la fantasía. Comparto el pasaje porque creo que puede ser de utilidad para la gente que no termina de comprender:

    "¿La construcción de una adivinanza es un ejercicio de lógica o de imaginación?
    Probablemente de las dos cosas al mismo tiempo. Obtendremos la regla del ejercicio por medio del análisis de una adivinanza popular de las más simples, de aquella que dice, o decía (al menos cuando todos usábamos pozos): «Baja riendo y sube llorando» (el balde).
    En el fondo de la definición hermética encontramos un proceso de «extrañamiento» del objeto, que es separado de su significado y de su contexto habitual, y es descrito como algo que baja y sube.
    No obstante, en la descripción se insinúa un trabajo de asociación y comparación que se ejercita no sobre la totalidad del objeto, sino sobre una de sus características, la sonora. El balde chirría... El chirrido, al bajar, es diferente del que
    hace el balde cuando sube...
    La clave de la nueva definición está en la metáfora que sugiere el verbo «llorar». Cuando sube, el balde oscila, el agua gotea... El balde «llora»... «Sube llorando». De esta segunda metáfora nace la primera: «baja riendo». Ahora la doble metáfora está lista para presentarnos el objeto escondiéndolo y promoviéndolo desde un utensilio banal y cotidiano hasta algo misterioso, que desafía la imaginación.
    El análisis que hemos realizado nos ofrece esta secuencia: «extrañamiento - asociación - metáfora». Son tres pasos obligados para llegar a la formulación de la adivinanza. Podemos probar el funcionamiento de la regla con un objeto cualquiera."

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