Donde la literatura y la maldad se toman un té

sábado, 28 de febrero de 2015

Anuncio sobre el buzón de sugerencias III

Miau.

¿Sabéis? Hemos decidido digievolucionar en nuestro nivel de maldad. Por lo que, a partir de marzo, sólo se admitirá una recomendación por mes, y esta tendrá que hacerse en el buzón de sugerencias el día 9 a partir de las 3 de la mañana de España.

Supongo que estaréis preguntándoos por qué. Supongo que podría no responderos. Pero en fin. Ortiga está liada y nos apetece.

No os quiere (por si no se nota),

Z.

martes, 24 de febrero de 2015

El libro de Ivo, de Juán Cuadra Pérez

Título: El libro de Ivo
Autor: Juán Cuadra Pérez
«En una ciudad sin nombre, un hombre anónimo sueña noche tras noche que es un asesino cruel y despiadado, y cada mañana despierta temeroso de que un día la pesadilla se haga realidad. El miedo y el deseo de proteger a la mujer que ama lo llevan a descubrir que la reina Mab, dueña y señora del Reino, es la responsable de que sus noches sean cada vez más aterradoras. Si acaba con ella, los espantosos sueños por fin cesarán.
Cuando duermen, los humanos llegan hasta el Reino y crean allí sus sueños forjando las pesadillas con los miedos y deseos más ocultos. Una vez que los humanos han protagonizado sus fantasías más perversas e inconfesables, despiertan dejando tras de sí la parte más oscura.
Pero la muerte de Mab a manos de un durmiente ha puesto en peligro al Reino y ha desencadenado unos acontecimientos que nadie podría haber previsto. ¿O sí? Mientras los humanos pierden la capacidad de liberar las pesadillas lejos de sus vidas, cuatro de los Señores del Reino —Bestia, Oscuridad, Laberinto y Cazadora— deberán decidir cuál de ellos bajará a la Ciudad en busca del asesino de la Reina y así restaurar el equilibrio entre los mundos antes de que unas terribles y oscuras fuerzas transformen todo lo que conocemos.»

Aviso para navegantes: esto NO va a ser una crítica. No me he terminado de leer el libro (ni voy a hacerlo), así que aquí sólo voy a hablaros un poco de las aproximadamente 40-50 páginas que me he leído [bueno, eso es la numeración de la versión que he leído, pero teniendo en cuenta el formato… serán en torno al doble en la versión maquetada].

Esta ha sido una recomendación de Emma F. M., y lo cierto es que me pregunto con qué intenciones oscuras me recomendó este espécimen en concreto. Este libro es una cosa rarísima. Ni siquiera sé por dónde empezar a contaros, ya que ni siquiera voy a poder hacer una crítica como tal.

Bueno, seré práctica y trataré de ir a lo «malo conocido». Lo único que puedo deciros de la sinopsis es que no tengo ni idea de qué relación tiene exactamente con el libro. Es decir, todo eso que te cuentan ahí es algo de lo que se habla en el prólogo, y que luego ya no vuelve a mencionarse en toda la parte que yo me he leído. De hecho, terminado el prólogo, la historia empieza a saltar de trama en trama y de personaje en personaje sin que el lector tenga ni la más remota idea de qué demonios está pasando, ni de por qué el narrador nos está contando lo que nos está contando.

La narración no está ambientada: no sabemos dónde sucede. No se sabe si es el mundo real, un mundo completamente inventado, una mezclada de ambos, o todo lo contrario, por lo que cuesta mucho sacarle algo de sentido a los acontecimientos. No tenemos ni idea de cuál es la realidad compartida por los personajes, no sabemos qué cosas son «extrañas» y cuáles «normales», así que resulta prácticamente imposible ubicarse.

No ayuda en nada, tampoco, el hecho de que los personajes sigan el mismo patrón de no-presentación: aparecen de repente, cambiando radicalmente el punto de vista de manera aleatoria, y al lector no se le cuenta cómo, dónde, cuándo ni por qué. Así pues, sin saber dónde tiene lugar la acción ni quién nos la cuenta (ni por qué motivo), el lector tiene dos opciones: darse por vencido y mandar el tocho a la mierda, o intentar mostrarse paciente y confiar en que, «en algún momento», la cosa comenzará a cobrar sentido. Como podéis ver, yo me mostré paciente durante unas ochenta páginas del libro físico, luego me cansé.

La verdad, tengo que decir que es una lástima lo que el autor ha hecho con esta historia, porque es bastante original, tenía potencial. El texto es muy inconstante: con esto quiero decir que, de vez en cuando, hace gala de una selección de elementos muy interesante, pero en un momento o en otro se lo carga; además, la narración tiende a ser plana y excesivamente explicativa la mayor parte del tiempo, lo cual es un fastidio, pero las ideas abstractas que hay por detrás del texto real son en general muy chulas. Por otro lado, Juan Cuadra se las ha ingeniado para construir de una manera bastante decente personajes originales y llamativos (aunque les haría falta una buena mano de pintura aún), pero, al igual que sucede con la narración, empiezan a cojear de un pie o de otro en cuanto el autor se despista.

sábado, 21 de febrero de 2015

Supervivientes detrás de las cámaras, de Arturo Padilla de Juan

Título: Supervivientes detrás de las cámaras
Autor: Arturo Padilla de Juan
«Adrián, Yaiza y Lola a duras penas han logrado superar las severas pruebas del concurso televisivo en el que participan; en él han tenido que sobrevivir en la selva amazónica, sometidos a rigurosas condiciones de vida. Pero cuando el concurso parece llegar a su fin, un acontecimiento inesperado obliga a prolongar la duración del programa televisivo. Los jóvenes concursantes se rebelan ante lo que consideran una injusticia e inician un largo periplo, lleno de peligros y de aventuras, que culmina en un emocionante desenlace.»

En fin, no vamos a romper ahora con la tradición de escribir sinopsis sin habernos leído el libro, ¿verdad? Ey, los de casa, ¡sí, vosotros! Deberíais probarlo. No sé si podríais hacerlo mejor, pero sin duda no podríais hacerlo peor [Zarza: sí podrían hacerlo peor, y lo sabes. No seas injusta. Y no tientes a la suerte].

Mi miedo más profundo es que aparezca algún espontáneo con el tema de las sinopsis.

Con vuestro permiso, voy a destripar la sinopsis antes de ponerme con la crítica [por cierto, vaya título más anodino que tiene este libro, ¿no?]:

«Adrián, Yaiza y Lola a duras penas han logrado superar las severas pruebas del concurso televisivo en el que participan». Esto no se dice en el libro, porque tampoco es relevante para la trama. La historia empieza después de que todo eso haya sucedido.

«[U]n acontecimiento inesperado obliga a prolongar la duración del programa televisivo». Primero, de inesperado nada, monada, que todo el mundo sabe desde hace una semana que al niño le han pillado robando. Y no pongas ese «obliga» como si fuese una suerte de imperativo impersonal: no lo es.

What could possibly go wrong?
«Los jóvenes concursantes se rebelan ante lo que consideran una injusticia e inician un largo periplo». No son los tres a una, como en Fuenteovejuna, perdona que te diga. Es la loca de turno; los otros dos le siguen el rollo solo Dios sabrá por qué.

«[C]ulmina en un emocionante desenlace». Creo que esta es la mentira más flagrante de todas. ¿Dónde está ese final? Que yo quiero leerlo.

Bueno, no me ensaño más.

¿Qué deciros, antes de empezar? Esta lectura ha sido una víctima voluntaria. Arturo Padilla, muchacho valiente donde los haya, osó dejar un mensaje de oferta en este nuestro jardín del mal. Y aquí estoy yo, humilde servidora, proveyendo esta crítica tan sangrientamente amorosamente redactada.

Bien, he mentido: no puedo no ensañarme más. Necesito hacerlo. Y como me da no sé qué desquitarme con las pobres e incautas víctimas voluntarias, voy a intentar reencauzar mi perfidismo en otra dirección.

Os invito a continuación a echarle un vistazo a la reseña redactada por una tal Rocío Carrillo en El templo de las mil puertas:

Eufemismos...
«Una deportista, una locutora de radio y un estudiante de Botánica son los tres finalistas de un famoso reality-show realizado en pleno corazón de Brasil. Yaiza, Lola y Adrián han sobrevivido dos meses en la selva y hoy, por fin, ha llegado la gran final. Sin embargo, un error de los concursantes [Ortiga: ¿error? Qué eufemístico] sumado a la gran audiencia que tiene el programa harán que los planes del reality cambien y el concurso se alargue cuatro semanas más.

Los supervivientes, hartos de pasar penurias, no piensan permitirlo, por lo que se embarcan en una arriesgada aventura por el río Itaquaí
[Ortiga: dice Yaiza: ¡estamos hartos de pasar penurias, así que nos fugamos a la selva a… pasarlas aún más putas! Y los otros dos corean: ¡Eso, eso!] con la «ayuda» [Ortiga: nótese el eufemismo. Y las comillas] de un joven indígena, cámara de televisión, llamado Lince [Ortiga: no se llama así. Ese es el mote que le ponen, sin consultar, por cierto]. La aventura no será fácil, pues en esa selva habitan algunas de las tribus más peligrosas del país. ¿Serán capaces Yaiza, Lola y Adrián de sobrevivir en plena selva sin la protección del programa? [Ortiga: uuuh, misterio. Sólo le faltan unos pocos puntos suspensivos…]

Arturo Padilla, quien ganó el premio Jordi Sierra i Fabra en 2006, vuelve con una novela realista y un tanto crítica [Ortiga: ah, ¿sí? ¿Dónde?]. Tiene una narración ágil y fresca [Ortiga: ¡pescado fresco!], que no se detiene en más descripciones de las necesarias [Ortiga: no, hija, no. Que no se detiene en descripciones. Punto] para que el lector pueda imaginarse el lugar donde transcurren los hechos. Aunque se echa en falta conocer más en profundidad a algunos personajes [Ortiga: ¿algunos?], esto queda en segundo plano debido a la acción y los finales de los últimos capítulos [Ortiga: los personajes no están construidos, pero ¡no importa! La acción sucede tan deprisa que ¡no te darás ni cuenta! ¿A que ahora te dan ganas de comprarte el libro? Esta chica es una vendedora nata. Zarza: mmm, naaata…].

Para aquellos a los que les gusten las novelas realistas [Zarza: ¡pfff! Creo que acabo de bañar la pantalla de mi ordenador] y de aventura, este es su libro. Para quienes sean seguidores de este tipo de programas, también [Zarza: ¡pero si el programa no aparece! Muy de mala hierba, en realidad, esa recomendación]; pero ojo, la crítica que hace sobre ellos te hará reflexionar [Ortiga:te juro que yo no he visto crítica por ningún lado, sólo alguna rescenificación hollywoodiense remasticada de Fuenteovejuna]. No conocemos qué hay detrás de las cámaras y nunca sabemos lo que puede pasar… [Ortiga: ¡misterio, misterio!] sobre todo si te adentras en territorio de los flecheiros.

[Ortiga: no sé si os habéis fijado, pero dos de los cuatro párrafos de esta «reseña» son un resumen de la trama, no una opinión de ningún tipo.]

Por Rocío Carrillo (El Templo de las Mil Puertas)»


Mierda. Sigo queriendo destripar cosas…

miércoles, 18 de febrero de 2015

Yo también quiero ser escritor (5)

Seh, seh, sé que tengo esta sección bastante ligeramente abandonada. Pero aquí estoy de nuevo.

Veamos. Tengo proyectados varios artículos que espero tener tiempo de ir escribiendo [esto de trabajar, estudiar, escribir y, encima de todo, tener un blog, está siento toda una prueba de malabarismo], pero os puedo adelantar que para el futuro inmediato tengo pensado meterme con puntuación.

Así pues, y para ir entrando en materia, vengo hoy con un artículo corto y sencillito, pero muy útil [no subestiméis la utilidad de las cosas sencillas].

También debo decir, en aras de la verdad, que la base de lo que voy a compartir hoy aquí no es de mi propiedad intelectual: es material de mis clases de la universidad. Más concretamente, de una asignatura impartida por un hombre fantástico [y escritor, y traductor, y corrector, y docente…]: Ramón Buenaventura. A él pertenecen los materiales de base de este artículo y a él deberíais agradecérselo.

Como vais a poder ver en unos instantes, las propias explicaciones ya vienen con ejemplos incorporados (a veces camuflados dentro del propio texto, de forma que resulta todo muy orgánico). No obstante, al final del artículo he añadido algún ejemplo extra con el objetivo hacer una matización o aporte complementario que me parecía de interés.

Dicho esto, comenzamos.

Así que… ¿tú también quieres ser escritor?

Pues sigue leyendo.

sábado, 14 de febrero de 2015

Anti-Quién es Quién

Miau.

Hoy es San Valentín, y eso quiere decir que estoy recordando cierta matanza. Entre otras cosas. Francamente, a estas alturas las malas hierbas hemos decidido mandar lo políticamente correcto a tomar vientos, y dado que últimamente se ha puesto de moda la iniciativa "¿Quién es quién?" (cortesía del blog del cuentista, si no me equivoco), Ortiga y yo hemos decidido darle la vuelta a la tortilla y lanzar nuestra propia versión. Va a ser nuestro regalo de San Valentín: amor del bueno, del que se te tira al cuello e intenta seccionarte la yugular.

De verdad, hay una sola pregunta "negativa" (por llamarla de alguna forma, porque tampoco) en toda la iniciativa, y aún no he visto a nadie que la haya contestado. Así que saludad con un fuerte aplauso (o una risa malévola, whatever floats your boat) a los Anti-¿Quién es quién? 

miércoles, 11 de febrero de 2015

La oscura verdad de Mara Dyer, de Michelle Hodkin

Título: La oscura verdad de Mara Dyer
Autora: Michelle Hodkin
«Mara Dyer está convencida de que lo más extraño que le puede suceder es despertar en un hospital sin acordarse de por qué ni cómo ha llegado hasta allí.
Está equivocada.
Sospecha que la Policía en realidad no sabe nada del accidente en el que murieron sus amigos y que ella no puede recordar.
Está en lo cierto.
Mara Dyer cree que después de todo lo que le ha pasado es imposible que se vuelva a enamorar.
Se equivoca de nuevo.»

[Zarza:
Creía que hoy iba a llover.
Estaba equivocada.
Creía que Ruescas no era muy avispado.
Estaba en lo cierto.
Después de todo esto, pensé que nunca volvería a comer tortitas.
Me equivocaba de nuevo.]

Ah… creo que esta es la peor sinopsis de un libro que he leído hasta ahora [Zarza: ¿ya no te acuerdas de «Quién escribe las sinopsis»?]. En serio, no tengo ni la más remota idea de qué tiene qué ver esto con la historia. Para este par de narices, los editores podrían haber usado mi sinopsis: mueren muchos caimanes [ey, puede que tampoco nos diga de qué va el libro, pero al menos sí que es fiel a los acontecimientos en él descritos. Zarza: ¡oh, no! ¡Es una tragedia!].

En fin, esta es una recomendación de Kitty Litter y, la verdad, debo admitir que en un primer momento no le di a esta novela toda la credibilidad que debería haberle concedido. Durante las 30 o 40 primeras páginas pensé que era una cosa normalita, bebible. Hasta que todo empezó a perder el sentido por completo. [Kitty, tendrás que permitirme una pregunta indiscreta: ¿han tenido que empezar a medicarte después de esta lectura?]

Bueno, no me voy a acelerar. Empezaré por el principio, como siempre.

Al margen de la mala suerte que tuvieron los pobres caimanes [Zarza: oooh], me temo que no puedo deciros de qué va este libro. Hablo en serio: no tengo ni idea. Va sobre una niña muy loca que flipa peces de colores, y en la primera página te dice que Mara Dyer no es su nombre real y que ha matado gente. A partir de la página 30-40, los peces toman el control, y el lector deja de tener ni la más puñetera idea de qué cojones está pasando [esta es la parte sin spoilers, así que no puedo compartir con vosotros hasta qué nivel de despropósito llega esta cosa, pero todo llegará. Tened paciencia].

Y eso.

A otra cosa, mariposa.

El núcleo. Ah… No. El lema de esta obra parece ser: la locura no requiere justificación [y así le va].

La autoridad de la voz narrativa. Pues… Aún sigo preguntándome desde qué momento temporal nos está contando la prota su historia que justifique el absoluto despropósito de su narración [en fin, me pregunto muchas cosas sobre este libro. De dónde ha salido esa portada, por ejemplo, y cuál es su relación con la historia (yo hubiera puesto un caimán más que un chico abrazándola :D)]. La niña cuela como adolescente, pero en lo que respecta a su desbarajuste mental, el personaje hace aguas; es decir, toda la locura del personaje se sustenta (narrativamente hablando) en crearle agujeros en la memoria y ponerla de vez en cuando a describir su entorno alucinatorio (pero diciéndote al mismo tiempo que ella sabe que es una alucinación [lo cual no tiene sentido, pero bueno]).

sábado, 7 de febrero de 2015

La blogosfera es un pañuelo (II)

Espero que os acordéis de la entrada del viernes. 

Para los que no estáis al tanto de los acontecimientos, dejadme que os ponga al día: Monti va a cerrar el Trampero. Por lo visto está recibiendo una inmensa cantidad de emails de haters bastante perturbadores y no quiere malos rollos.

Y así, queridas malas hierbas, trolls a los que un día espero poder estrechar la cara, es como acabamos hablando de ciberacoso.

Sé que casi todos sabéis que se acerca el fallo del Neo de este año. No sé vosotros, pero yo noto la tensión en el aire (y los silencios narrativos en vuestros mensajes, y los picos en las entradas relacionadas con Corazón de mariposa y Los días que nos separan y las recomendaciones para leer otras novelas publicadas por Plataforma Neo). Las malas hierbas estábamos preparando algunas cosillas para este año, dado que parece haberse convertido en cierta tradición.

La cuestión es que, a raíz de esto y de la que está cayendo con todo el asunto de Monti, me he acordado de la que se montó el año pasado con Corazón de mariposa. Así que voy a mandarlo todo a pique y voy a hablaros de algunos temas.

viernes, 6 de febrero de 2015

La blogosfera es un pañuelo (I)




Miau.

No es ningún secreto que en ocasiones chocopienso. No obstante, cada vez me resulta más y más obvio que no soy la única en sufrir ataques de afasia inducidos por la ingesta de chocolate.

¿Alguien ha leído la entrada de Monti sobre la blogosfera? No sé si es a raíz de esta entrada o no, pero tengo la curiosa sensación de que algunos blogueros se están enrocando en una especie de orgullo blogger bastante revelador. Estos últimos días estoy viendo proliferar entradas con reflexiones sesudísimas sobre hábitos de lectura dignas de las redacciones de colegio de mi protegida.

Por lo visto, todo empezó cuando una encantadora troll adolescente (no hablaba pársel, y eso nos dice todo lo que necesitamos saber acerca de lo mal que está la educación para los pobres trolls. ¡Apadrina un troll!) se pasó por El trampero de libros para comentar que, si alguien critica todo lo que lee, debe por fuerza odiar la literatura. Entre otras cosas (me temo que era un párrafo kilométrico). Por supuesto, todos conocemos ya el famoso “si no te gusta no leas”, que tantas veces hemos visto rondando por el blog.

En realidad estoy preparando una entrada más larga al respecto, porque las fans cada vez me dan más miedo y porque, gracias al anonimato que da internet, la gente opina con una osadía a pesar de su falta de conocimiento y criterio que me admira. Pero por el momento centrémonos en estas simpáticas criaturas y en sus deducciones peregrinas. Es algo que me llama mucho la atención: todo el mundo parece asumir que si encuentras fallos en lo que lees es que no te gusta leer (o al menos, que no te ha gustado esa novela en concreto). Me parece una conclusión fascinante. Es decir, fascinantemente errónea. Iría presentando a Ortiga a todos esos trolls que van por el mundo bajo la falsa de creencia de que ambas opciones son mutuamente excluyentes.

De hecho, no. Qué estoy diciendo. Haría que todos los trolls vieran a Ortiga leer. Creedme cuando os digo que es toda una experiencia: se ríe a carcajadas ella sola, lo comenta todo en cuanto tiene ocasión (en cuanto deja de reírse lo suficiente como para poder hablar), se le saltan las lágrimas de risa, y cada cierto tiempo relee estos libros y se ríe más aún.

Es una suerte para mí no estudiar psiquiatría, porque es verla y me pican los dedos de las ganas de ponerle una camisa de fuerza. Pero en fin, es evidente que tener un problema mental y ser feliz tampoco son mutuamente excluyentes. ¡Así que hurra!

También es verdad (y en el jardín, no sé si afortunada o desafortunadamente, aún no ha pasado) que, por lo que he oído, no sólo son los fans los que van enfureciéndose con las críticas negativas que reciben algunas obras en internet, sino los propios autores. No hay más que ver cierto artículo de Javier Marías, escrito para El País después de una tarde navegando por blogs y (yo lo sé, tú lo sabes, todos lo sabemos) buscando su nombre en google. Aquí os dejo el artículo (Una región ocultamente furibunda), en el que hasta hace un guiño en el título a Benet, del que se considera discípulo (*inserte aquí una risa descontrolada*).

De verdad. Es algo que a las malas hierbas nos llama mucho la atención. Nadie te va a decir que no escribas, pero si no estás preparado para oír nada sobre tu libro (tu arte en general, cualquier cosa con la que te sientas patológicamente identificado) que no sean reverencias y alabanzas quizás deberías plantearte la posibilidad de no publicarlo. Lo sé, a nadie se le ha ocurrido, pero miradlo de esta forma: es una simple cuestión de estadística y sabiduría popular. Nunca llueve a gusto de todos.

Por supuesto, una crítica no es realmente una cuestión de gustos, pero como la gran mayoría de la blogosfera opina sobre calidad literaria basándose en sus preferencias personales, pues ahí queda eso. La cuestión es que siempre va a haber alguien a quien no le guste un libro, ya sea porque hay gustos para todo, porque el márketing no lo ha enfocado al nicho adecuado (gracias, Scarlett. Molas) o porque, oh, sorpresa. Tu libro no es una obra de arte perfecta e inmaculada y tiene algo tan mundano como *gasp* fallos. Lo siento, sé que es difícil de aceptar, pero parece ser que a tu novela de unicornios no le van a dar el Nobel (aunque quién sabe. No hay más que mirar a Marías. ¿Me estoy metiendo demasiado con Marías en esta entrada? ¡Ajajá! Pregunta trampa: no existe tal cosa como meterse demasiado con Marías).

En fin, me admiran los escritores y los trolls furibundos y sus chocopensamientos. Sé que hoy en día la gente tiene poca tolerancia a la frustración, pero no saber aceptar críticas me parece que es una actitud que peca de una ingenuidad rayana en el narcisismo. ¿De verdad? ¿De verdad te sorprende, te ofende, que haya al menos una persona en el mundo que encuentre tu obra algo por debajo de maravillosa, genius, esplendorosa? Escúchame bien, criatura. Vete a morder un bordillo.


Curiosamente, muchos de los fans iracundos ( o coléricos. ¿Estáis admirando todos mi uso de los sinónimos?) se niegan a poner en práctica su propio consejo: si el hecho de que algo no te guste es razón suficiente para no leerlo, ¿por qué lees críticas que claramente no te están gustando? (¡Hola, doble moral! :D)

Hay quien podría alegar casualidad. Yo definitivamente no lo creo.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Las honrosas excepciones (2)

Estoy tan contenta que casi no quepo en mí. ¡Segunda entrega de Las honrosas excepciones! Los pájaros cantan y las nubes se levantan. ¿No es maravilloso?

Os recuerdo que esta es la sección a la que destino aquellos libros que, sin llegar a ser (ni de lejos) Olvidados, se me salen del saco en el que suelo meter a mogollón el resto de literatura que leo [nivel de referencia: Laura Gallego/Crepúsculo, para que nos entendamos].

Esta entrada la voy a dedicar a un solo libro, porque me lo he leído entero, y quiero hacer una crítica como tal y poner fragmentos para que veáis los aciertos de la obra, que siempre es útil. Además, hay varios ejemplos bastante interesantes de desfamiliarización, que creo que también os vendrán bien [no como mis desfamiliarizaciones, que son de nivel parvulario].

Permitidme que mi primera afirmación sobre el libro (antes siquiera de deciros cuál es) es que me ha sorprendido mucho. Esta es una recomendación que Jorge (del blog Juvenil, fantástica o la que se tercie) hizo en este humilde jardín y, tal y como él lo sugirió, yo me temía un innombrable con todas las letras (y sospecho que él también). Así que, sí, esta ha sido una sorpresa con S mayúscula, y de las gratas (que son las mejores).

¿Queréis saber [ya, de una puñetera vez] de qué libro estoy hablando? Pues…

domingo, 1 de febrero de 2015

En ocasiones chocopienso

Oh la la.

La vida en París (o en Francia, no sé) no es, contrariamente a lo que uno podría pensar, la vie en rose. Sino en gris. Gris en el cielo, en los edificios, en las calles, en el aire. Gris por todas partes. Incluso el Sena está ahora de un color indefinido entre gris, marrón y verde, y se me hace difícil comprender cómo un río tan majo en verano puede acabar siendo tan condenadamente feo en invierno. Es cierto que ha estado lloviendo y nevando de mala manera estos días, pero aun así. Llamadme exigente, pero esperaba más del Sena.

Creo que entiendo por qué estamos ya a febrero y Montmartre y Notre Dame siguen teniendo los adornos navideños. Les sugeriría dejarlos hasta primavera, a ver si la cosa mejora un poco.

Hablando de cosas feas en el Sena. ¿Sabéis que, en un libro de Moccia, los dos tórtolos protagonistas cuelgan un candado de un puente en Roma para simbolizar su amor? En el mundo real, miles de personas empezaron a colgar candados en ese puente. Pues bien, hace algo más de cinco años, se empezó a seguir la misma práctica en París, en lo que Ortiga y yo (y ahora mismo todo el mundo, probablemente) llamamos el puente de los candados. Por cierto, al principio solíamos reírnos y utilizábamos la expresión puente de los candados como algo reiterativo (Javier Marías y el puente de los candados, two of kind), pero según pasaba el tiempo se nos pasó la risa. Había tantos chismes colgados que el peso ponía en peligro la estabilidad del puente y el gobierno francés se veía obligado a la retirada periódica de las rejillas de las que la gente había colgado los candados. O quizás fuera una cuestión de estética. Pero las quitaban.

Ayer estuvimos en el puente de los candados. Dejo que las fotos hablen por sí solas.

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