Donde la literatura y la maldad se toman un té

viernes, 30 de octubre de 2015

De qué hablo cuando hablo de correr

Voy a contaros un cuento.

Estuve el otro día sentada con un gatito dentro de la chaqueta y los pies colgando en el aire. Deberíais saber que el cielo estaba limpio y como nuevo; y el aire, frío y crujiente. Yo estaba pensando en todas esas cosas que de pronto puedo hacer y que he echado tanto de menos.

También pinto piedras y las vuelvo a dejar
luego en el bosque.
Hablo de recoger hojas de otoño en el bosque y pintar extrañas criaturas en ellas. Hablo de jugar a las canicas con avellanas y castañas, de guardarme setas y plumas en los bolsillos. Hablo de hornear galletas de escaramujos, de dibujar mapas, de buscar frágiles, translúcidas calaveritas de pájaro y otros huesos para mi colección, de pintar casitas de madera y llenarlas de alpiste. De caminar en la niebla y en el viento.


Había un sapo perezoso y gordo en la charca. Había muchos petirrojos revoloteando en el huerto. Estaba planteándome bajar a buscar manzanas rojas cuando uno de ellos se acercó a mí. Ladeó la cabeza de forma muy poco educada.

lunes, 26 de octubre de 2015

La Fortaleza Digital, de Dan Brown

¿A cuento de qué el laberinto?
Título: La Fortaleza Digital
Autor: Dan Brown[ies]
«¿Puede existir un código indescifrable? En un mundo en el que la información lo es todo, una simple palabra se convierte en el arma más poderosa. Susan Fletcher, la criptógrafa estrella [Ortiga: eres una estrella del pop, una diva sin nombre, un montón de ilusión...] de la ultrasecreta Agencia de Seguridad Nacional ([Zarza: la NASA, digo la NBA, digo la] NSA) no puede dar crédito a sus oídos cuando su jefe, el subdirector de la Agencia, le informa de que han interceptado un código que ni siquiera la mayor supercomputadora conocida puede descifrar [Zarza: todo aquí es super, ultra, hiper... esto parece la digievolución]. La única pista para romper el letal código parece estar oculta en el cadáver de un hombre que ha fallecido en España, donde ha sido enviado David, el prometido de Susan. Mientras éste intenta hallar la clave y sobrevivir a la persecución de un metódico e implacable asesino a sueldo en las calles de Sevilla, Susan se enfrentará a su propio drama en las instalaciones de máxima seguridad de la NSA, durante una larga noche en la que la mentira y el asesinato acechan tras cada puerta.»

Bien. Esta recomendación nos llegó de la mano de Selenita, que tiene muy mala idea (todo hay que decirlo), porque vaya libro más coñazo.

En fin, no mucho que decir de la sinopsis. Este libro es lo que promete: un abuelo Simpson con mucha acción (un tanto injustificada) y mucho misterio (estirado de manera artificial por los propios personajes). Si acaso me quejaría de lo del «letal código»: eso es una pista mal disimulada. Pero bueno, vale.

¡Nasamon digievoluciona en...!
La trama ya nos la cuenta la sinopsis: hay una agencia chachi-guay ultrasecreta americana que se dedica a pinchar comunicaciones y desencriptar los mensajes interceptados. Para este menester tienen un superordenador mega-guay del Paraguay que lo desencripta todo en un tris. Pues hay un japo que está así como mosquea'o con los de la N[A]SA esa porque opina que están violando el derecho a la privacidad de los ciudadanos [lo cual es cierto, pero la reflexión que se hace al respecto en el libro es muy superficial por parte de ambos bandos]. El caso es que este tío, que antes trabajaba para la N[A]SA (pero le despidieron y calumniaron para impedir que les cerrase el chiringuito con sus ideas moralistas), dice que ha creado un código que el ordenador chachi-piruli no va a poder resolver. Y el subdirector de la N[A]SA como que se pica de que pongan en duda las capacidades de su hijo querido y dice «porque tú lo digas» y mete el código chungo en el ordenador a la fuerza (el antivirus se lo escupe, pero él está muy motivado), y el ordenador se tira como un día entero dándole vueltas al código como un alela'o. Y en medio de todo este berenjenal tenemos a una piba que nos la quieren vender como que lo tiene todo porque es muy lista y ENCIMA está potente (porque es una Mary Sue ya sabéis que las listas son todas feas en la vida real, por eso esta precisión es tan importante para la trama). Pues esta tía en realidad ni pincha ni corta, pero como se supone que es muy lista (y el ojito derecho del profe del subdirector de la N[A]SA) pues el tipo la llama para que se contonee por la oficina sin hacer nada le ayude y le alegre la vista al personal le dé emoción al asunto. También está metido por ahí el prometido de la chica, que es un profe universitario al que mandan a España a jugar a ser agente especial sin un motivo oficial creíble [luego al final del libro, en un sorprendente plot twist, te cuentan que hay un motivo no oficial (que también es una mierda de motivo, pero eso es otro tema)]. Y… bueno, pues ahí anda la cosa: en la oficina de la N[A]SA hay demasiada gente para el gusto del subdirector ese y la cosa termina degenerando en una de esas pelis en las que hay un grupo de gente atrapado en una casa de la que no pueden salir y alguien es un asesino; y en España al profesorzuelo ese le persigue otro asesino y blah, blah, blah. Ya sabéis cómo van estas cosas.


jueves, 22 de octubre de 2015

Honrosas excepciones (5) (ó 6) (Me da igual): The Snow Child


Si hubiera sabido que existía esta versión
me la habría comprado en lugar de la que tengo,
pero para cuando Cicuta me avisó ya era tarde :C
Miau.

Hoy vengo a hablaros de una novela que me gustó más de lo que me pareció buena: La niña de nieve, La niña de las nieves, o como quiera que hayan traducido el título al castellano (que en inglés es The snow child). Escrita por Eowyn de Rohan Ivey. Atreveos a decirme que no se trata de un nombre encantador.

Os aviso desde ya de que esto no va a ser una crítica al uso, sino una fusión extraña con una reseña.

La idea era que yo escribiera esto nada más leer el libro (cosa que, en fin, sucedió hace meses), pero ya me conocéis. Así que con la colaboración especial de mi memoria voy a ver si puedo sacar algo en claro en esta entrada.

Tengo que admitir que ya de por sí me gustan mucho las historias que juegan constantemente con la fantasía y lo real conviviendo en el mismo entorno. Me gusta cuando hay un claro límite entre ambas, pero me encanta cuando el lector no conoce la lógica que mueve el mundo de la novela que está leyendo, cuando no sabe bajo qué prisma tiene que mirar la historia e interpretar lo que sucede (y me gusta aún más cuando nunca llega a saberse). ¿Rigen las normas de la magia? ¿Rigen las normas de nuestra realidad? Misterio. Lo que intento decir con esto es que empecé The snow child con mis calcetines gordos en los pies y una taza de té de frambuesa a mano (lo cual evidentemente quiere decir que empecé a leer este libro con unas ganas tremendas, incontenibles y absurdas).

Pero dejadme que os ponga en antecedentes. Dentro sinopsis:

lunes, 19 de octubre de 2015

Hablemos de sexo, o... mejor ahorrémonoslo (3)


Queridos hierbajos míos, he regresado.

Tercera entrada de esta sección. Y sigo tan gratamente sorprendida por la buena acogida que está teniendo todo esto. Me llena de felicidad y otros sentimientos suaves y peluditos de esos, ya sabéis, unicornios, arcoiris y otros habituales de la literatura juvenil [no, de ESOS no].

Está bien, ¿de qué curiosidad de índole sexual vengo a hablaros hoy?

Puntos suspensivos de rigor tope dramáticos…

De penes.

Sí. De penes. Estoy harta de leer libros en los que los personajes masculinos, más que tener pene, parecen venir equipados con su propia pitón entrenada por soviéticos colgando de la entrepierna, que podrían usar el rabo a lo constrictor de lo largo que lo tienen, y eso por no hablar del grosor (¡qué manía con contarnos que las acaloradas damiselas no pueden abarcar el ya mencionado miembro con las manos!).

El pene humano, hierbajos, tiene de media un diámetro de 4cm. (en erección) y una longitud de unos 15cm. Esto es la media, repito. Por supuesto que habrá gente que supere esas medidas (o que no llegue a ellas), pero vamos a ver si dejamos de describir burradas, porque es que a veces una tiene la sensación de haberse colado por error en una escena de tentacle sex.

Ahora bien, si estuviésemos hablando de caballos… El pene equino en erección alcanza los 90-95cm. ¿Queréis escribir sobre empalamientos sexuales? Considerad cambiar de género: la zoofilia erótica os irá como anillo al dedo.

También hay otros penes francamente curiosos en el mundo animal. El pene de algunos patos tiene forma de sacacorchos. Es una cosa amorfísima, y por lo visto les crece cada vez que violan a una pata (comportamiento encantador donde los haya). Con la cantidad de sexo no consentido que hay en literatura erótica [ejemellibrodejadeejem], quizá esta sea una explicación de cómo es posible que nos encontremos con esos tamaños de los que nos hablan las escritoras.

El pene de los felinos está cubierto de púas de queratina. Se cree que esto sirve para estimular la ovulación en la hembra (entre otras teorías). Y los felinos no son los únicos que tienen espinas en el pene: muchos mamíferos tienen el pene cubierto de espinas, el chimpancé entre ellos, y (curiosamente) también el pene humano las tenía (las perdió, por suerte para nosotras).

Hay penes para todos los gustos, la verdad. Hay un insecto que hace música con el pene: lo frota contra el abdomen, como los grillos frotan las patas, para producir sonido. El pene de los percebes puede medir 20 veces la longitud corporal del propio animal. Hay un tipo de peces que tienen el pene situado debajo de la cabeza (hay otro animal que lo tiene ¡dentro de la boca!). Los delfines utilizan el pene también como órgano sensorial (como un brazo extra, vaya, para palpar cosas [y hablando de delfines, son los únicos animales de los que se sabe que tienen sexo nasal]). Algunos pulpos dejan el pene en el interior del cuerpo de la hembra para que ella misma se dosifique el esperma (muy práctico). Hay especies hermafroditas en las que los animales hacen peleas de penes para ver quién fecunda a quien (como los caracoles). Los marsupiales tiene penes bifurcados (que coinciden con las dos vaginas de las hembras) y el pene de los equidnas tiene cuatro cabezas (eran unos bichos muy raros desde el principio, no sé de qué os sorprendéis).

Penes. ¡Penes everywhere! Hasta las hembras de las hienas tienen pseudopenes. Alucina, vecina.

Último dato curioso, este sobre penes humanos. ¿Sabíais que, por lo visto, la forma del pene humano tiene como propósito evolutivo arrastrar hacia fuera de la vagina el esperma de posibles competidores que hubiesen copulado anteriormente con la hembra? O esa es al menos una de las teorías.


Bueno, ya me callo y vuelvo al tema principal de la columna.


Está bien, queridos hierbajos. Hablemos de sexo.

martes, 13 de octubre de 2015

Las velas desgarradas, de Sergui Carballo Losada.

Título. Las velas desgarradas
Autor: Sergui Carballo Losada
«El verano en que Javi Roto recibió su primer beso comenzará su peregrinación en busca de la felicidad, la madurez y aquella isla de la serenidad a la que todos aspiramos.»

Quizá alguno se haya dado cuenta de que este autor es un reincidente. Tal vez también os hayáis dado cuenta de que he puesto la sinopsis del otro libro que critiqué de este autor. El motivo es que Sergui Carballo ha afirmado estar considerando incluir este segundo tomo directamente a continuación del anterior, como si fueran un único libro, así que me he tomado la libertad de reutilizar la sinopsis [si queréis saber lo que opino de ella tendréis que comprobar la crítica que ya hice: aquí no voy a hablar más de ella].

En fin, queridos hierbajos, tenemos un reincidente, como ya he dicho. Y el libro del que voy a hablar hoy es la continuación de la historia que ya critiqué.

Quiero avisaros, también, de que lo que voy a hacer a continuación NO es una crítica. Ni siquiera llega a reseña. Me ha vuelto a suceder: he dejado de leer a las 20 páginas. [Esto va a ser corto.]

Todavía recuerdo cuando podía contar con los dedos de una mano los libros cuya lectura había abandonado. En toda mi vida. Me sobraban dedos.

Ahora hace ya mucho que perdí la cuenta. ¿Lo peor? No me avergüenzo.

¿Por qué no he hecho el más mínimo esfuerzo por terminar de leer este libro en concreto? Sencillo: el anterior lo leí enterito, y lo mío que me costó; las primeras veinte páginas de este nuevo libro presentaban exactamente los mismos errores que el primer volumen. Así que no veo ningún motivo por el que debiera seguir malgastando mi tiempo y sufriendo. Porque sufro. Este es un libro que no puedo leer con recochineo: el narrador me pone demasiado de los nervios. Para que os hagáis una idea, esta ha sido la evolución de mi opinión del narrador desde el principio del primer libro hasta esta parte: «¡oh!, un narrador medio inteligente, qué majo», «mmm, no se calla», «virgen, no se calla ni bajo el agua», «…», «…», «…», «por Dios, que ALGUIEN lo CALLE». Así que no, no voy a volver a pasar por lo mismo, ni siquiera aunque el libro es bastante cortito (unas 120 páginas).

miércoles, 7 de octubre de 2015

El pasillo, de Carolina Pineda

Título: El pasillo
Autora: Carolina Pineda
«Hay quienes definen cuatro tiempos para que dos amigos se enamoren el uno del otro: temporalmente, en el momento equivocado, demasiado tarde… o para siempre. Para Isabel parece ser el momento equivocado. Aunque desearía que su mejor amigo Justin demostrara más que un interés fraterno por ella, sabe que cualquier intento perjudicaría la única relación que le agrega felicidad a una vida con la que intenta conformarse. Una vida de conflictos con su madre, una relación nula con su padre y una apatía hacia el común de los adolescentes que la aísla de su entorno.
En su último año de colegio, Isabel deberá afrontar nuevas contrariedades y que una claustrofóbica pesadilla la acose casi todas las noches. ¿Tendrá el valor y las herramientas para encontrar la salida de las paredes que la aprisionan y reprimen?
Y tú, ¿conoces la salida de tu propio pasillo? [Zarza: nadie va a ser tan estúpido como para quedarse encerrado en un pasillo. Ortiga: no les pongas a prueba]»


Bien, esto que voy a escribir NO es una crítica. Ni siquiera me atrevería a decir que es una reseña. Lo voy a llamar entrada, simplemente, y ya os aviso (de entrada [:D]) de que va a ser corta.

Esta lectura es una recomendación que un Anónimo hizo en el buzón de sugerencias.

De la sinopsis tengo dos cosas que decir. Primero, en buen lugar queda la mejor amiga que tiene la prota (amiga de toda la vida, que son supuestamente como hermanas) con todo eso de la «apatía hacia el común de los adolescentes que la aísla de su entorno»: ni se menciona a la pobre Alejandra, pero sí las relaciones negativas con el padre y la madre. Y, segundo, me toca un poco las narices la pregunta retórica del final: gracias por destriparme el núcleo de la historia, puta.

No me he leído el libro. He leído el prólogo, dos o tres capítulos del principio (son cortitos) y un puñado de páginas sueltas desperdigadas por el primer tercio de la historia (es la leche de larga para lo poco que tiene que contar, coño).

jueves, 1 de octubre de 2015

Si una puerta se cierra


Bu. 

El libro de Amaranto me está mostrando muchos mundos
y yo quería devolverle el favor, así que se ha venido conmigo.
Llevo todo el verano fugada de la blogosfera, lo sé muy bien. Voy muy lenta escribiendo, voy aún más lenta dibujando, y no quiero ni hablar de la cantidad de lecturas atrasadas que tengo entre blogs y libros (hay una persona que marca en las dos categorías, y esa es nuestra querida Amaranto. Sí, ha publicado un libro. Id a comprarlo todos o sufriréis un mal de ojo y las siete plagas de Egipto. Ahora dedicadle un aplauso).

Sin embargo, me he puesto las pilas y he digievolucionado a una persona seudo responsable que va a escribir una entrada después de pasar siglos sin meterme en el Jardín.

Esto es un poco una carta de amor, porque os echo de menos. Incluso si sé que cuando vuelva a estar más activa en la blogosfera os echaré de más. No importa. Si, ya sé. Retroceded disimuladamente. Coged el ratón, sin movimientos bruscos. Cerrad la pestaña esquivando la mirada del pollo. En serio, sé lo que me digo, haceos los suecos con el pollo.

Uf. Por los pelos.

A los que no hayáis huido como ratas, os quiero. Pero de lejos. Y nunca jamás os lo diré, lo juro. Esta entrada es para vosotros.

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