Donde la literatura y la maldad se toman un té

martes, 31 de mayo de 2016

Pon una mala hierba en tu libro

La entrada de hoy va de koalas. Quiero avisarlo desde el principio. Si los koalas te ofenden, esta no es tu entrada.

Una vez aclarado esto, quiero anunciaros el inicio de un nuevo evento en el blog. No he prestado mucha atención a cómo pensábamos llamarlo, pero sospecho que Ortiga me lo soplará en breves.

miércoles, 25 de mayo de 2016

No leáis esta entrada

Es posible que tenga un ínfimo, desdeñable problema con la psicología inversa. El hecho de que estéis leyendo esto quiere decir que no soy la única.

En fin, claramente lo vuestro es peor. Después de todo, sois vosotros los que estáis tratando aquí con malas hierbas, aka arpías cancerígenas, aka otras cosas bonitas que nos han llamado y que ahora no recuerdo. Yo en vuestro caso me lo haría mirar: no tengo claro si tenéis un trastorno adolescente de rebeldía mórbidamente obeso o un espíritu de supervivencia muy flaco.

Esto me hace replantearme seriamente el mensaje que os hemos puesto sobre la caja de comentarios. Nota mental: hablar con las demás malas hierbas del jardín sobre fórmulas más efectivas para lidiar con nuestros lectores.

Pero hablemos de otra cosa entre que sacamos adelante el siguiente evento. Ortiga me sugiere compartir con vosotros algunas anécdotas de infancia de las malas hierbas :D

Podría hablaros de tantas cosas... De aquella vez que hice llorar (¡y suplicar!) a una niña de mi clase a base de hacerle preguntas existenciales durante diez minutos, por ejemplo.

O de que Cardo de niña se dedicaba a diagnosticar a los críos oligofrénicos de su clase y a hablar muy seriamente del tema con su profesora.

Hablando de Cardo, deberíais saber que mentía como si no hubiera mañana cada vez que alguien le preguntaba qué tal había ido su día en el colegio. Así que si habéis estado tomando nota de sus entradas sobre medicina... quizás no deberíais haberlo hecho.

Dun dun duuuun.

martes, 17 de mayo de 2016

Ahí os quedáis, friendo un huevo.

Estimadas malas hierbas, trols de todas las edades… ¡que os zurzan!

Me consta que hay quien está acusando nuestra ausencia. Así pues, vengo a meter el dedo en la llaga.

Mis queridos hierbajos, estoy en un paréntesis lector. Sí, me he saturado. Como Cardo bien os explicó todo es veneno, solo la cantidad hace el veneno, y yo he leído demasiada mierda. Hasta una furcia urticante como yo tiene un límite de resistencia antes de tener que hacer un alto y diluir.

Lo cierto es que esta no es la primera vez que me sucede esto desde que el blog está abierto. Hasta el momento vosotros no habíais sido conscientes de los periodos de sequía porque suelo ser una planta previsora y guardo críticas en recámara para poder soltarlas a discreción en momentos como este. No obstante, en esta ocasión no ha sido posible hacer acopio de materiales de emergencia. Y aquí estamos.

¿Qué significa esto para el Jardín? Que no habrá más críticas durante una temporada [cuánto exactamente no puedo deciros: dos semanas, cuatro, seis… o las que tarde en recuperar las fuerzas]. No habrá un parón completo en la actividad el blog, por eso de que el Mal nunca descansa, pero si queréis ver nuevas entradas me temo que tendréis que empezar a acosar a Zarza y exigirle que abra de una vez el siguiente evento en el Jardín, **mirada acusadora**.

Así que… ya sabéis, queridos hierbajos: acosad, acosad.


Con amorr,

O.

viernes, 6 de mayo de 2016

Contesta, furcia

Buenas, malas hierbas. Hoy vengo a situaros y hablaros de nuevos eventos en el Jardín.

Supongo que habrá muchos de vosotros que no nos sigáis en Twitter, así que voy a hablaros de una iniciativa que ha puesto en marcha Ortiga. Se trata de #contestafurcia.

Desde hace unos días, nuestros seguidores de Twitter nos mandan preguntas bajo este hashtag y nosotras Ortiga las va respondiendo. Esta es una recopilación:

Free Pencil 2 Cursors at www.totallyfreecursors.com