¡Comenzamos! ¡Evento en el Jardín!
¡Que corra el hidromiel!
Pues hoy, queridos hierbajos,
vengo con algo muy ameno: una nueva excepción. Sí, sí, vuestros ojos no os engañan. No quepo en mí de gozo.
Y lo cierto es que este es un libro que quizá no os esperabais
[o quizá sí, porque... mmm... tuvimos un percance en una taberna y a Zarza es que se le suelta la lengua con el vino (especiado)]. Al menos, yo no me lo esperaba
[Zarza: Ortiga bebe para olvidar]. No por el libro en sí (aunque la sinopsis prometía paletismo en dosis letales), sino porque, para ser sincera,
no me esperaba ponerle esta etiqueta a un libro que hubiese publicado Plataforma Neo. Sí, de verdad: vuestros ojos siguen sin engañaros. En fin, no me malentendáis: claro que tengo mis propios prejuicios (in)fundados sobre esta editorial, totalmente subjetivos y personales (y perfectamente válidos para mi persona, que para algo son míos), pero tampoco se puede negar que en su catálogo hay una invitada de honor muy especial: una tontería adolescente literariamente (muy) cuestionable.
Pero yo soy una mala hierba muy sincera:
lo que no tiene perdón de Dios, pues no tiene perdón de Dios; pero, si algo es bueno, lo digo.
El libro del que vengo a hablaros hoy, queridos hierbajos, ¡es más majo!