Donde la literatura y la maldad se toman un té

lunes, 17 de octubre de 2016

Una estrella en mi jardín, de W. Davies

Título: Una estrella en mi jardín
Autora: W. Davies
«Algunos dicen que el miedo no es real, otros que la locura no puede ser lógica y luego están los que se atreven a asegurar que una estrella no puede vivir en un jardín [Zarza: ya, ¡esos locos! ¡Se atreven a asegurar semejante cosa!].
Claro que ellos no conocen a Alicia Little, una chica que tiene fobia a la gente y que vive escondida en casa de su abuelo hasta que una historia, una estrella, un armario y un nuevo vecino cambian su pequeño mundo de mentiras y la retan a vivir en el mundo real. Charlie le ensenará a fotografiar quizás a través de sus dibujos, a creer en seis imposibles antes del desayuno y cómo una persona puede hacerte sentir diminuta o gigante en el tiempo que tarda en caer al suelo un bote de mermelada, incluso cuando el miedo se empeña en hacerte invisible. ¿Podrá Alicia amar algo que teme? ¿Será la curiosidad más grande que el miedo?
Pierde el miedo y déjate seducir por este homenaje a Alicia en el País de las Maravillas cargado de quizás, pero cuidado; al miedo le encanta robar sueños [Zarza: gracias por la advertencia. Lo tendré en cuenta]».

Aún no he decidido qué me indigna más: la coma que falta por omisión de verbo en la primera línea, o la idea de seguir utilizando el romanticismo para salvar a todo el mundo de todas sus miserias. Estoy mintiendo, sí que lo he decidido. Estoy entrando en una fase de odio absoluto hacia la amatonormatividad de aquí a la Conchinchina [queridos, esta vez no soy yo: sois todos los demás :D]. Y tampoco veo por qué la invisibilidad iba a ser incompatible con el hecho de ser grande o pequeña, pero eso es otro tema.

Veamos, ¿qué puedo deciros de este libro? No me lo he comprado (ni me lo voy a comprar), así que, poco. He descargado las primeras páginas gratuitas de Amazon (sí, otra vez) y de ellas es de lo que os voy a hablar. En concreto, quiero hablaros del prólogo, porque el prólogo, queridos hierbajos, no tiene desperdicio.

No sé cómo se las han ingeniado estas autoras [quizá recordéis que W. Davies esconde a dos... mmm... entusiastas escribiendo a cuatro manos] para hacerlo incluso peor que con su anterior libro, Recuerda que me quieres. Para atrás como los cangrejos.

El prólogo de la novela Una estrella en mi jardín, queridos hierbajos, comienza como os copio a continuación:


«Había una vez un cuento que no era un cuento. Y había, también, una lágrima huérfana nacida del terror que ni era lágrima ni era hija del miedo. Por haber había hasta un niño perdido que ni era niño ni estaba perdido. Y en ese cuento, que no era cuento, había una estrella que no era estrella y que vivía en un jardín, dos armarios que eran como libros compartiendo estante; había gente de mentira que era de verdad y gente de verdad que era de mentira, y hasta un espejo que no era espejo y que en lugar de reflejos contenía vidas».

Eh… ¿alguien se ha enterado de algo?

Os lo pondré fácil:

Resulta que hay algo (¬cuento). Hay algo/alguien sin padres (¬lágrima) que tal vez o tal vez no sea hija de otro algo/emoción (¬miedo). También había alguien (¬niño) que no estaba perdido. Y en ese primer algo (¬cuento) había algo (¬estrella) que vivía en un jardín, y dos armarios que debían de ser muy pequeños porque parecían libros; y había gente de verdad y de mentira, y algo (¬espejo) que suponemos que es algún tipo de recipiente porque contiene vidas.

¿Todavía no lo habéis entendido? Uhm… me pregunto si es porque sois un poquito lentos. ¡El texto es muy claro!

Venga, os lo pondré aún más fácil:

Hay varios algos, uno de los cuales vive en un jardín. También hay dos armarios pequeños y gente, y un… mmm… un tarro.

Esto es lo que se llama, queridos hierbajos, usar muchas palabras para no decir absolutamente NADA. Esto no es bonito. Esto no es poético. Esto no es Literatura. Esto es la gilipollez más absurda que he leído nunca. Honestamente. Tengo amigas que escriben en Whatsapp mensajes con mucho más sentido en pleno pedo.

¡Pero es que la cosa sigue! A continuación nos siguen insistiendo en que en ese ¬cuento se nos cuenta (o no) que hay una niña encerrada en algún sitio (no sabemos dónde) y un conejo (del cual solo sabemos que no es blanco) quiere que alguien la salve. Pero la niña no quiere que la rescaten, sobre todo si el rescate es efectuado por parte de un príncipe azul que no es un sapo verde. La niña quiere dragones y brujas y que la besen (un ogro a ser posible). La niña tiene, además, una estrella, pero esta estrella no quiere ser estrella (cuerpos celestes con voluntad, ya sabéis [Zarza: es que es una estrella del pop, Ortiga, ¡no entiendes nada!]) y vive en… bueno, en alguna parte. En este sitio donde vive la estrella viven también… ¬monstruos, tazas, por ejemplo (las tazas no son monstruos), que cuentan historias. Y un día llega un ¬cerdo, que además es ¬animal (otra taza, vamos), y se pone a hablar. Esa taza se bebe a la niña (irónico, sin duda) y la niña, desde dentro de la taza, recita un poema dedicado a un cerdo.

Precioso, me lo negaréis.

A continuación comienza el primer capítulo, en el cual nos regalan perlas como: (hablando de un sofá que tienen en mitad del jardín, porque están en plena mudanza) «el sofá en el que se había acomodado Aidan, ahí plantado a un lado de la entrada. Le resultó curioso (al prota), realmente parecía como si alguien hubiera plantado allí una semilla de sofá [Ortiga: ¿lo pilláis?, ¿eh?, ¿eh?, ¡plantado! ¡Jaja!] y este hubiera brotado, creyéndose flor [Ortiga: ah… ya. Comprendo]. Qué sofá más tonto, no sabía que los sofás no nacían de semillas, y precisamente al desconocer que no podía crecer de la tierra, creció [Ortiga: esto… ftw?]». Nos hablan también de soles maternales que salen «cada día para darles la bienvenida» y abrigar «sus almas frías y marchitas», porque ya sabéis que a la gente le gusta ponerse en plan poeta, incluso cuando no tienen ni pajolera idea de cómo funciona una poesía, pero… ¡bah!, ¿a quién le importa?: es arte, en el arte todo vale, ¡unicornios!, ¡arcoíris!

«Fue entonces cuando Charlie (el prota) reparó en ella. Y no es que la chica no intentara ocultar su presencia, pero a veces parecía olvidar que él podía verla desde abajo y, como impulsada por una fuerza mayor que ella misma, apartaba toda la cortina, dejando expuesta su figura, y se quedaba mirándolo fijamente». Claro, yo también descorro la cortina por completo y me pongo a mirar a la gente fijamente cuando me estoy ocultando. Es una técnica infalible: te haces tan visiblemente llamativa que te vuelves invisible. Sip, sip.

Al margen de estar casi exclusivamente compuesto por explicaciones, al texto no le falta received text precisamente: esfuerzos sobrehumanos, habitaciones asépticas como de hospital, pelos que caen en cascada, silencios ensordecedores… También hay ojos que brillan, que es otra de esas cosas que le ENCANTA escribir a la gente; y mira que yo soy de las que se queda dormida hasta con la luz encendida, pero los ojos luminiscentes son una de esas cosas que me quitan el sueño.

«Las farolas iluminaban el asfalto creando formas difusas que a Charlie se le antojaban insectos que luchaban entre las sombras por hacerse realidad». Ole, ole ¡y ole! Aunque admitiré que esto sonaría mucho más épico si tuviéramos… bueno, una lupa con la que magnificar la encarnizada pelea de insectos [Zarza: inexistente].

«Y él no pudo hacer más que sonreír y gruñir alternativamente». ¡Yo NECESITO ver esto! [Zarza: yo también. No lo sabía hasta ahora, pero lo necesito].

Y así llegamos al segundo capítulo, que resulta que está narrado desde el punto de vista de la niña de la ventana.

«Tras asegurarse por segunda vez (la niña) de tener todas las soluciones preparadas, colocó la película del carrete en la espiral; no necesitaba mirar, y de haberlo hecho tampoco habría servido de mucho, pues estaba totalmente a oscuras. Una pequeña luciérnaga podría arruinarlo todo [Ortiga: siii… seguuuuuro que sí]». Tú no has revelado fotos en tu vida. Se ilumina con luz roja. Necesitas ver. ¿Cómo coño comprueba que tiene «todas las soluciones preparadas» si no?, ¿mete la zarpa?, ¿les pega un sorbito? Pues nada, nada, que aproveche.

«Ese tiempo se convertía en una dulce expectación llena de entusiasmo que poblaba cada una de sus terminaciones». Conclusión: la niña es un pulpo. Y sus «terminaciones» están superpobladas.

La niña se tumba sobre la carretera vacía y «Entonces hizo lo que siempre hacía: bajó toda la calle rodando por la carretera, como una rueda que se desliza cuesta abajo. A Alicia le gustaba pensar que era como una croqueta rebozada en pan rallado». Yo diría que al final del jueguecito la niña va a parecer más un conejo despellejado que una croqueta. Es asfalto. Reto amablemente a las autoras a que nos manden un vídeo de esta proeza en pleno verano (manga corta, pantalones cortos…).

Y la niña se sienta en el sofá que han dejado plantado (wink wink) en el jardín: «Era de lejos el sofá más cómodo en el que Alicia se hubiera sentado nunca. Parecía hecho de flores [Ortiga: las flores son unos asientos muy cómodos]. Si el sofá hubiera podido hablar, le habría revelado que era una flor y que por definición tenía que estar hecho de flores [Ortiga: una flor no está hecha de flores, como mucho se podrá decir que está hecha de flor, en singular], pero como el sofá no podría escuchar los pensamientos de Alicia, ni hablar, ni ser una flor, no dijo nada». Sigo sin saber qué te has fumado, pero tú a tu rollo [Zarza: toda esta historia está escrita en realidad por la oruga porreta de Alicia en el País de las Maravillas].

«(Alicia) Extendió los brazos y acomodó la cabeza en el respaldo (del sillón), los ojos cerrados hacia el cielo, negándose a dedicar tanto a algo que le había dado tan poco, como si el propio firmamento tuviera la culpa de todas sus desgracias». ¿No sabéis de qué habla? Tranquilos, yo tampoco.

En el siguiente capítulo vuelve a ser el chico el foco.

«El hombre (el abuelo de la niña) enarcó las cejas y sus ojos brillaron con algo que Charlie (el chico) no supo identificar». No se sabía si era un LED o un mechero.

Y en algún momento uno se da cuenta de que las autoras siguen narrando desde su plural stalker mayestático en el que de cuando en cuando cogen y se dirigen directamente al lector para hacerle saber que no le van a desvelar alguna información (normalmente porque, tal y como se apresuran a aclarar, lo que dijeran sería mentira [wtf]). También siguen siendo fans incondicionales del auto-spoiler.

Oh, por cierto, ¿os he dicho ya que esta historia juega con los mismos personajes del libro anterior? El prota ahora es el niño al que se le moría la madre (creo que había uno al que se le moría la madre), y los amigos vienen a verle a su nueva y flamante casa, y llama por teléfono a Wendy y esas cosas.

Pero lo más importante aquí es, en realidad, que no sé cómo de largo es este monstruo. Francamente, apenas he pasado de la mitad de las páginas que tiene la muestra y ya van por el cuarto capítulo tras el prólogo.

En fin, yo sigo.

«Era como una maldición para ella (para la chica), todas y cada una de las personas en las que se fijaba detenidamente se quedaban grabadas a fuego en su retina, inmortalizadas en el almacén de sus recuerdos». Oh, maldición chunga donde las haya. Y rara, rara de cojones, ¿gente que se acuerda de gente en la que se fija conscientemente?, ¡¿dónde se ha visto eso?! Lloremos todos por la pobre desgraciada. Aunque, bien mirado, quizá la maldición es la parte de quedársele la gente grabada «a fuego en su retina»: tiene pinta de doler. Por otro lado (si lo miras por el lado positivo), es una maldición muy temporal: en cuanto se le hayan superpuesto dos quemaduras en la retina dudo que ya pueda ver gran cosa, así que problema resuelto. Lloremos todos de felicidad por la pobre desgraciada [Zarza: noo, la pobre ciega].

Y ahora nos resumen el trágico pasado de la niña: tenía una hermana gemela que la diñó. En este flashback nos cuentan el último día de vida de la gemela en el hospital, y cómo la niña prota y su primo rondan por ahí: «Su primo Chase, que advertía que el problema de Alicia no hacía más que empeorar (se está volviendo agorafóbica o algo), había tenido una idea que suponía que podría ayudarla». No me lo digas. Vas a llevarla a un almacén abandonado y tus amigos y tú vais a disfrazaros de mafiosos y obligarla a jugar a la ruleta rusa. Sería el colmo de lo divertido. Seguro que así la animas.

Oh, Dios. Resulta que, en el flashback, el primo convence a la niña de que salga a la calle disfrazada (acaba de representar una obra de teatro para su hermana en el hospital). La niña va a comprar un tarro de mermelada y cuando sale a la calle se choca contra el Charlie este de la historia actual y se queda en el suelo manchada de mermelada. Como la gente empieza a mirarla, su fobia social pone el turbo máximo y tiene un ataque de pánico: «El corazón empezó a latirle desenfrenado y, como si todo el miedo que había logrado contener en los últimos minutos se hubiera desencadenado con la caída, el mundo entero explosionó ante sus ojos y ella solo pudo gritar y gritar hasta quedarse afónica». Normal. Yo también gritaría si el mundo me explotase en la cara. Pero lo más gracioso es que el Charlie este no se acuerda de la loca con la que se cruzó un día y se puso a chillar como una desquiciada y salió corriendo, vestida con un disfraz (no sabemos cómo de llamativo) y cubierta de mermelada. Suena como uno de esos episodios anodinos de tu vida que al día siguiente ya se te han olvidado, claro.

Os copiaría la escena de la "psicóloga", pero creo que prefiero ahorrármelo. Quien quiera que le haya dado licencia para ejercer a esa mujer realmente es una persona muy cruel. La colgada de la mujer se dedica a enfadarse con su paciente, presionarla, descalificarla y culpabilizarla. Normal que la pobre niña no salga de su casa desde hace tres años. Lo raro es que siga saliendo a su propio jardín en lugar de haberse refugiado dentro de alguna alacena. Autoridad racional de la novela: you better be kidding. «—Hablemos de tu último episodio (dice la psicóloga). Según me ha contado tu abuelo, saliste corriendo y después te escondiste. Dime, Alicia, ¿a eso le llamas intentarlo?». Pues... ¡que te follen, 'japuta!

Y ¡cómo les gusta rajar a las narradoras! Jo-der. Aunque creo que ya se están acabando por fin las páginas estas gratuitas, así que… lagrimita de felicidad.

«¿Qué era mayor, una sonrisa o miles de diminutas lágrimas? [Ortiga: ¡miles! Este personaje debe de llorar mucho o muy deprisa]. Alicia no lo sabía, y sintió la tentación de coger papel, lápiz y calculadora y comprobar a qué equivalía matemáticamente hablando. Supongo que todo dependería de la constante, por lo que volvió al principio de la pregunta e incluso la cabeza empezó a dolerle un poco de tanto pensar». What the…



Y… se acabó. Huelga decir que no pienso comprar el libro. Aún valoro lo poco que me queda de cordura.


Así que ahí os quedáis, hierbajos.


Chichómetro: no pienses en un cerdo rosa volador.

Potabilidad: vomitar ya no te servirá de nada.

Carcajadas: ftw/10

Otras páginas que tienen publicadas críticas o reseñas de este libro, por si os interesa contrastar: Fiebre Lectora, Noventa y dos Libros, Viviendo entre libros.

9 comentarios :

  1. Yo a esa gran necesidad que tienen los escritores de adornar los textos con metáforas y cosas bellas sin sentido lo llamo el "horror vacui" de la literatura. O "la calavera de azúcar". De tanto rellenar, no te enteras de nada y acabas con una carie mental.

    ¿Veis? Sencillo. Sobrerellenado>azúcar. Carie>colapso.

    Por cierto, eso de los armarios... te piden a gritos que saques a alguien del closet.

    PD: Estoy muy cabreada de que el tipo se llame Charlie (el nombre real de Lewis Carrol era Charles Dogson). No sé si intentan demostrar una "gran investigación" en torno al tema de las aventuras de Alice Lidell, pero se me hace terriblemente creepy.

    En fin, hierbis. Os extrañaba mucho.

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  2. Esto es tan WTF que no sé qué comentar o.O

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  3. Me he quedado con tal cara de flipe que mejor no digo mucho; no puedo expresarla con palabras.

    ¿Qué es esto? ¿De dónde lo has sacado? Y, sin sonar cruel, ¿qué se han fumado? Porque el primer párrafo, por muy chachi y precioso que suene, no es más que un sinsentido que no nos dice nada. ¿Qué la taza se bebe a la niña y cuenta un poema que se lo dedica a un cerdo (rosa volador)? ¿Qué mierda nos quiere contar con todo esto? Tengo que leerme la otra crítica vuestra de su otra novela, así que allá voy (para contrastar...). Sigo pensando que la niña no es de este mundo, por cierto.

    ¡Hasta la próxima y esperando que tenga un poco más de sentido!

    Atte, A.

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  4. El título del libro me recuerda a este anuncio https://www.youtube.com/watch?v=P0wuPwgX608

    Jo, creía que habíais leído el libro entero. Por una parte pienso que estaría bien, luego veo esta entrada y las citas que has usado, y ya dudo mucho.

    La sinopsis es de lo más raro que he visto desde que... vaya, desde que vi la de "Recuerda que me quieres". Con esos ejemplos veo un Javier Marías 2.0, la verdad.

    "Estoy entrando en una fase de odio absoluto hacia la amatonormatividad de aquí a la Conchinchina" Yo estoy constantemente en esa fase, por eso aprecio tanto libros como Los mundos de Täryenn, de Laura Tejada, Medio rey, de Joe Abercrombie, y Cinco semanas en globo, de Julio Verne. Demuestran que no tiene que haber amor romántico en un libro :D

    Lo de la niña rodando por la carretera lo quiero ver en mi pueblo, en la cuesta que va desde la parte alta, la de la piscina y el parque, a la baja, a donde está la plaza y la fuente. Es una cuesta empinada y larga, así que os podéis imaginar cómo puede acabar la cosa.

    Y lo del autospoiler... Tampoco es nada nuevo; spoilear al lector (o al espectador) me suena a uno de los mecanismos usados por el autor alemán Bertolt Brecht para provocar en el espectador un efecto de distanciamiento.

    ¡Saludos!

    Carol

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  5. La taza se bebe a Alicia y entonces me surge la imagen mental de la chica a oscuras, con foco de luz sobre ella mientras dice el poema para el cerdo.
    Mundo generoso. Lo bueno es que podemos venir a reírnos del asunto, yey.

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  6. Me he quedado a cuadros. Yo leí Instant Karma de la misma autora (creo) y me gustó, pero de este voy a pasar.

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  7. La sinopsis ya te intenta señalar el camino que va a tomar el libro, pero ese primer párrafo no te deja lugar a dudas. Supongo que al lado de la opción de comprar pone "lea bajo su propia responsabilidad" o algo así. Y seguramente el libro acabe teniendo éxito, porque esa literatura tan wtf gusta
    Creo que podríamos estar cerca de un nuevo "innombrable", no un "Ex Libris", pero un innombrable al fin y al cabo.
    Un saludo,
    Maite

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  8. Madre mía, pero ¿qué bazofia es la novela esa? ¿Por qué en los blogs literarios que sigo me lo ponen como la pera limonera? ¿Por qué me quieren engañar? Como la gente esa que me recomendaban "La cinta de Moebius". Santo cielo, quise sacarme los ojos tras leer ese libro.
    En fin, que me alegráis hasta los días más nublados (literalmente :D) con vuestras entradas, Malas Hierbas. Cómo me he reído.
    Lo malo es que mi vertiente de lectora masoca se siente tentada. ¡No quiero leerlo pero a la vez quiero sólo por reírme!
    Os envío muchos brillis brillis.
    ¡Besos!

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  9. Tenía ganas de leer este libro pero veo que es una ida de olla total. ¡No tiene pies ni cabeza! xD

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