Donde la literatura y la maldad se toman un té

jueves, 5 de enero de 2017

Este puerro es Pasajeros

¿Qué puerros es esto?
Zarza: tranquilo, este puerro es pasajero.


Hierbajos, no sabéis lo cabreadísimo que estoy ahora mismo. Yo pensaba que no podría irritarme ya mucho más una vez terminada de ver la película. Ingenuo de mí. La Wikipedia se lleva en esta ocasión el premio gordo (y el segundo, y el tercero, y todos los reintegros).

Voy a intentar comenzar por el principio. Y lo primero es lo primero: DEJO OFICIALMENTE CLAUSURADO EL BUZÓN DE SUGERENCIAS. Sí, queridos hierbajos, no he cumplido mi reto personal de siete libros en dos semanas. La cosa empezó bien, pero luego en seguida se me complicó la vida. El buzón, en todo caso, queda cerrado una vez más hasta nuevo aviso. Lo más seguro es que todavía siga escogiendo lecturas de entre las recomendaciones que me habéis hecho para lo que queda de mes y luego ya se verá.


Ahora, pasemos al puerro que nos ocupa.


viernes, 30 de diciembre de 2016

Este puerro sigue siendo Nosotros después de las doce



Veréis, queridos hierbajos, estoy en un avión y cada vez que abro mi mochila sale un delicioso aroma a queso polaco. Tengo hambre. Pero este no es el tema. Yo he venido a hablaros de cierto puerro.

Ah, pero primero (antes de que se me olvide): hay una cosa que me gustaría aclarar por si las moscas. Lo que dijo Zarza sobre mi recién estrenada afición a las terminaciones en masculino no es exacto. No me siento «Ortigo». Mi nombre es Ortiga y sigo adhiriéndome a clasificaciones de género no binarias. No es lo mismo identidad de género que expresión de género. Queda dicho.

Ahora sí: hablemos de puerros.

Hay una cosa que debo confesaros, hierbajos, y es que este libro que ha quedado apuntito, apuntito de que le colgase la etiqueta de Honrosa excepción. Sí, sí: casi habemus núcleo. Al final, por desgracia, la cosa se queda en moraleja, pero es indudable que Laia Soler ha mejorado como escritora desde su primera novela a esta parte. Todas mis felicitaciones.

¿Qué cosas han mejorado?, quizá os estéis preguntando. Pues veréis: aparte del casi núcleo, en este libro te encuentras con algunas desfamiliarizaciones (como ya dije en mi anterior entrada al respecto) y algunas otras figuras literarias con aparente intencionalidad. El narrador sigue siendo explicativo y algunas de las intenciones de la autora no están lo bastante trabajadas, pero hay subtext y hay intención comunicativa. Soy una Mala Hierba feliz.

Creo que la moraleja hubiera dado para un núcleo más que decente, pero al final la autora no se moja y no reflexiona al respecto, se limita a hacer que el personaje acepte que una determinada actitud es buena y otra, mala. Y cuando digo que no reflexiona al respecto es que realmente no se para a pensar en el berenjenal en el que se ha metido…

SPOILERS AHEAD


miércoles, 21 de diciembre de 2016

Este puerro es Nosotros después de las doce


¿Qué puerros es esto?

Quiero decir que no me sorprende que haya gente a la que le gusta la manera de narrar de esta autora. Laia Soler tiene preferencia por las historias sencillas y amenas (se mete en más de una camisa de once varas y habla de cosas que no controla, pero al margen de eso… [Zarza: ya, bueno, en lo que se mete esta niña es en unas idas de tarro tremendas, ¿cómo te diría yo? Un chico y una chica que se conocen en la universidad y parece que se gustan y ¡¡ENTONCES!! resulta que son reencarnaciones de hace la tana de años y eran de clases diferentes y él se murió en el Titanic. Una chica se va de viaje a Islandia y conoce a dos chicos y ¡¡ENTONCES!! uno de ellos está muerto y el otro le mantiene vivo encerrando cascadas en tarros. ¿Con qué nos va a deleitar esta vez?]). No se mete a hacerle la cabeza un lío a nadie con sesudísimas tramas cruzadas e intrincados juegos de pistas ocultas: lo que lees es lo que hay y sus historias suelen tener un toque de amabilidad, por decirlo de alguna manera, que entiendo que a algunas personas les pueda parecer entrañable. Tal vez esto es a lo que la gente se refiere cuando hablan de «escribir con sentimiento». La literatura sincera no me parece que sea buena literariamente hablando, pero, como digo, entiendo por qué a la gente le puede gustar.

Lo que sí me hace rechinar un poco los dientes, no obstante, es leer cosas como la descripción de Amazon: «Laia Soler es una de las jóvenes escritoras más talentosas de la literatura juvenil actual». Lo lamento: tengo que discrepar. Me consta que hay otros escritores con mucho más talento que esta mujer. Sí, puestos a comparar, creo que Laia Soler tiene más mérito ahora mismo que, por ejemplo, Laura Gallego, aunque sea solo por un detalle muy sencillo: donde Laia coge y te escribe una sencilla y amena historia de doscientas páginas, Laura se las ingenia para añadirle dos epílogos, un prólogo, tres tramas paralelas, quinientas páginas extra que a nadie le importan y te lo vende como una trilogía de fantasía épica, invariablemente. Pero, ¿sabéis qué?, que puestos a comparar también podría decir que Jorge Cienfuegos, persona de la que seguramente muy pocos habéis oído hablar (si es que alguno lo ha hecho), le da a Laia Soler tres vueltas y todavía regresa y se pone a caminar con ella, porque es así de majo [Zarza y Ortiga: ¡¡Jorge Cienfuegos, TE QUEREMOS!]. Creo que Laura Tejada tiene cuatro veces más intención comunicativa (e interés comunicativo, ya que nos ponemos a ello) que Laia Soler. Pero, en fin, también entiendo que decirle a tus potenciales compradores que escoger tu producto les convierte en personas inteligentes es una de las estrategias de márquetin más viejas del mercado.


lunes, 19 de diciembre de 2016

Este puerro es Dalas Review


¡Comenzamos! ¿Qué puerros es esto?


Sólo tengo una cosa que decir: «película porno de edificios cachondos».

Y ahí os dejo con la intriga de saber qué demonios se estaba fumando este iluminado.

Lo que te lanza Internet cuando buscas "porno arquitectónico".

Lo que se entiende en realidad de la imagen que
el muchacho pretendía describir: alien acid spit.


jueves, 8 de diciembre de 2016

Hablemos de sexo, o... mejor ahorrémonoslo (6)

Queridos hierbajos:

Vengo hoy con los ánimos alterados y la fe en la humanidad un poco golpeada. A ver si me animo.

Esta sección surgió para hablar de «sexo» y al final he terminado hablando de un batiburrillo de temas, desde identidad de género hasta feminismo. Hoy no voy a romper mis costumbres, así que vengo con una reflexión que poco o nada tiene que ser con sexo: nada sesudo, vaya, sólo algo que me está dando vueltas por la cabeza esta mañana.


sábado, 3 de diciembre de 2016

Mix mini-opiniones de Ortiga #3

Tercera entrada de mini-opiniones. Diría que «¡estoy en racha!», pero tal vez lo que debería decir es «¡seré puta vaga!». Sé que nos habéis pedido sangre, pero... «¡seré puta vaga!» sigue siendo aplicable [puede que el hecho de que lleve desde octubre trabajando de mañana y de tarde y esté teniendo que tirar de material que ya dejé previsoramente preparado tenga algo que ver].

Sí, queridos hierbajos: sigo leyendo, y sigo sin maldita gana de criticar. Así que voy a seguir lavándome las manos con estas entradas tan facilonas.

Y esta es la última entrada que dejo preparada antes de largarme a Islandia.

¡Ahí os quedáis, pringados!


sábado, 26 de noviembre de 2016

Mix mini-opiniones de Ortiga #2

Pues vengo con otra entrada de mini-opiniones. Estos días, creo que ya os lo dije, me he apropiado del Kindle de mi padre y la verdad es que me paso la mayor parte del tiempo leyendo. Nunca pensé que llegaría a decir esto, pero… quiero un Kinder Kindle. Sí, soy una traidora, lo sé. La carne es débil. Los ojos, también. Donde antes me tiraba doce horas al día delante de la pantalla del ordenador, leyendo, escribiendo, corrigiendo y, sí, no lo negaré, perdiendo el tiempo en internet de maneras de lo más variadas; donde antes terminaba con los ojos a punto de caérseme de las cuencas de tanto mirar la pantalla; el Kindle me ha devuelto la ilusión de leer horas y horas y horas sin tener que preocuparme de acabar quedándome ciega antes de alcanzar siquiera los 30.

Quiero un Kindle. Que me perdonen los libros.

El caso es que llevo leyendo sin parar durante la última semana, así que tengo material nuevo sobre el que escribir.

Y aquí vamos.


martes, 22 de noviembre de 2016

No hay besos sin hierbabuena, de Ariadna Espino

Título: No hay besos sin hierbabuena
Autora: Ariadna Espino
«Las cosas nunca son fáciles, pero Claudia piensa que lo serían un poco más si sus hermanos no hubieran huido de casa hace tantos años. O si le gustara la carrera que está estudiando. O si su madre dejara de ordenar las cosas de tres en tres. O si su novio entendiera que si Claudia tiene que marcharse a Estados Unidos, [Ortiga: no sé quién eres, pero si sigues cerrando incisos que no has iniciado te encontraré y te mataré O.O] es porque su hermana la necesita.
Las cosas nunca son fáciles, pero Claudia piensa que lo serían mucho más si Hunter no la mirara con esos ojos de tempestad. Si dejara de pedirle [Ortiga: esto… ¿referentes, por favor?] que no vuelva nunca a España y, sobre todo, si ella no sintiera algo por él.
"No te vayas", dice Madrid. "Quédate", dice Estados Unidos [Ortiga: ¡qué países tan parlanchines!]. Mediante un blog, esta joven madrileña intentará poner en orden sus pensamientos y tomar una decisión. Porque las cosas nunca son fáciles, pero a veces Claudia cree que algún día lo fueron. Hace mucho. Cuando la noche olía a hierbabuena.
No hay besos sin hierbabuena es un viaje al corazón de Estados Unidos a través de las emociones y los más profundos anhelos, un canto al difícil camino hacia la madurez [Ortiga: ya está. Es oficial: me has matado. Muerta. Exijo que los sinopsistas dejen de mandarnos de viaje montados en emociones. O tendré que empezar a mandar yo gente a paseo. Es una amenaza. En serio, lo es. Hay mejores medios de transporte (y formas menos remasticadas de decir esto). Se agradecería un poquito de originalidad]».

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