Donde la literatura y la maldad se toman un té

miércoles, 22 de febrero de 2017

Caraval, de Stephanie Garber

Título: Caraval
Autora: Stephanie Garber
«Recuerda, sólo es un juego… Scarlett Dragna nunca ha abandonado la pequeña isla en la que ella y su hermana Tella viven bajo la vigilancia de su estricto y cruel padre. Desde hace años Scar sueña con [Zarza: derrocar a Mufasa] asistir a la celebración anual de Caraval mascarada artificial, unos legendarios juegos que duran una semana y en los que la audiencia participa para ganar el Gran Premio.
Caraval es magia, misterio y aventura. Y para Scarlett y su hermana representa la libertad y poder huir de su padre. Ahora que está a punto de casarse con un hombre al que nunca ha visto, Scar cree que su sueño nunca se cumplirá. Pero justo dos semanas antes de la boda recibe las tan ansiadas invitaciones a los juegos del hambre.
Sin embargo, una vez allí nada sale como espera: Legend, el Maestro de Caraval, secuestra a Tella y Scarlett se verá obligada a entrar en un peligroso juego de hambre amor, sueños, medias verdades y magia en el que nada es lo que parece. Real o no, sólo dispone de cinco noches para descifrar todas las pistas que conducen hacia su hermana, o ésta desaparecerá para siempre…»



Z.: Y el premio es un deseo. Como cuando soplas un diente de león. Solo que cuando la protagonista está llegando a la entrada de Caraval pasa junto a una tienda en la que venden semillas para cultivar deseos (y sí, también estrellas fugaces, para lo mismo, supongo). Llamadme loca, pero yo habría atracado esa tienda y me habría ahorrado las ansias competitivas en el juego.

O.: En fin, ¿cómo os diría yo, hierbajos? Me siento estafado. ¡¿Dónde está mi deseo?! [Zarza: eso nos preguntamos todos cuando nos dijiste que eras asexual.]

Como es de Mala Hierba ser agradecida, comenzaré esta crítica agradeciéndole a Planeta los ejemplares que nos ha dado y la invitación para participar en su evento. Es la primera vez que una editorial nos regala un libro, como ya comenté por Twitter, así que estamos todas muy emocionadas al respecto. Otro tema diferente es si la editorial estará tan contenta y dispuesta a repetir la experiencia después de esta crítica.

Z.: Gracias, Planeta. Aunque para la próxima me gustaría un libro un poco mejor. Si se puede.

O.: Comencemos hablando de la sinopsis.
++++++++++++++++++++++Tengo dientes y surcos,++++++++++++++++++++++
++++++++++++++++++++++Un secreto sé guardar,+++++++++++++++++++++++
++++++++++++++++++++Doy vueltas y no soy tiempo,++++++++++++++++++++
++++++++++++++++++++Si me pierdo no podrás entrar.+++++++++++++++++++



O.: Desde luego, si este libro quería hablar de cómo la protagonista no tiene oportunidad ni derecho a tomar sus propias decisiones y esto va a seguir siendo así aunque termine metida en un carnaval mágico en una isla secreta en mitad del océano, Stephanie Garber lo ha bordado. No, de verdad, le han quedado unos visillos la mar de coquetos [Zarza: ¿quéééééé…? Ortiga: ¡porque los ha bordado! :D].

Hablemos de la trama. Pedazo de fumada mental. El libro comienza manteniendo un cierto nivel de lógica básica, pero pronto pierde el norte y no deja de degradar hasta el final. El último cuarto de la novela es, de hecho, una competición de wtf muy reñida. Como que llega un punto en el que tú como lector tiras la toalla y te resignas a dejarte llevar por el absurdo, porque no hay mucho más que hacer. A ver dónde acaba todo.

Z.: Resumen de la trama: Westworld veneciano + El castillo La isla ambulante de Howl.

Hermana alocada y soñadora,
hermana realista y preocupada.
¿Os suena?
O.: La historia parte de la premisa que ya nos da la sinopsis, nada demasiado original: dos hermanas cuyo padre es un maltratador mu' loco y mu' malo. Llega una invitación a un juego mágico raro a pocos días de que vaya a celebrarse la boda de la hermana mayor, quien tiene todas sus esperanzas puestas en sus esponsales como billete que las sacará a ella y a su hermana de la terrible influencia del colgado de su padre. Por avatares diversos, las dos hermanas acaban en el ya mencionado evento mágico raro, cuyo director es una figura MISTERIOSA y parece ser que muy perversa (y un tanto psicótica [y tiene por ahí un enredo de faldas, pero me han cambiado la versión tantas veces que casi que me ahorro tener que explicárosla porque al final no me he enterado de mucho]). En fin, las cosas se lían, la hermana pequeña es secuestrada y la mayor se ve obligada a entrar en la competición para poder rescatarla, y pasan la tira de cosas aleatorias y confusas.

Se supone que el concurso es un juego de pruebas que hay que superar, en plan gymkana, y el premio es un deseo. Solo que en realidad se parece más a un ir caminando por la calle y a ver por dónde suena la flauta, porque no es como si hubiese acertijos que resolver ni pruebas concretas que realizar.

¡Ah! Y la madre de las dos hermanas desapareció hace años, se supone que las abandonó, y todos sabemos lo que eso significa. Dun dun duuuun. Y toda la pesca.

Todo este lío lo aderezáis con escenas y más escenas ensalzando la figura del hombre como protector y la imposibilidad de la mujer para tomar sus propias decisiones de manera libre y no coaccionada o que se tomen en serio sus palabras sin tildarla de loca y dudar de su versión de los hechos. Los visillos, preciosos, ya lo he dicho.

Z.: Lo peor de todo es que todo sea tan fucked up pero sin propósito. Porque si todo el retorcimiento y el subtexto siniestro de la novela fuera intencionado, para ponernos los pelos de punta sobre la impunidad y la falta de consecuencias, sería maravilloso. Horrible, pero maravilloso. Y he mentido, lo peor de todo no es esto. No. Lo peor de todo es que la autora hace un pobre intento por ahí de hablar precisamente de lo que estoy hablando (cuando a la protagonista le preguntan por qué el toque de queda en Caraval es durante el día, o cuando aparecen los túneles). Pero aparentemente todo se queda en nada. Un mal sueño, una pesadilla. Ríete ahora que estás despierto.

Zarza: let it go, let it go!!
O.: La autoridad de la voz tiene sus más y sus menos. El narrador es omnisciente, pero se centra en la conciencia de Scarlett. Lo más llamativo, en cuanto a autoridad emocional, es la sinestesia galopante de la prota, que nos presenta algunas imágenes realmente fantásticas (y hace coros geniales en torno a la figura del padre). La autoridad racional, sin embargo, se ve afectada muy negativamente por dos elementos: la tendencia a la exageración (este es un recurso que hay que saber usar para que le dé más autoridad a la voz, no que se la reste) y los recurrentes cheating at narration en los que se nos presentan y describen escenarios que la protagonista no debería ser capaz de apreciar.

Más cosas: personajes.
++++++++++++++++++++En un castillo redondo,++++++++++++++++++++
++++++++++++++++++++++doce caballeros+++++++++++++++++++++++++
++++++++++++++++++++++de guardia están;++++++++++++++++++++++++
++++++++++++++++++++++un flaco lancero++++++++++++++++++++++++
+++++++++++++++++++++y un gordo escudero+++++++++++++++++++++
+++++++++++++++++++++marchan al compás.++++++++++++++++++++++

La prota aprende cosas por el camino, el típico «aprender a vivir» y tal. Bueno, mentira: eso es lo que nos perjuran las explicaciones que el narrador nos lanza a metralleta, pero va a ser que no (volveremos a este punto más adelante). Sin embargo, lo más llamativo es la cantidad de cosas perturbadoras que sufre y presencia la niña durante toda la historia y que no parecen dejarle la más mínima muesca emocional. Es terriblemente decepcionante y por completo increíble. La coherencia psicológica no es el fuerte de esta autora, me temo.

La prosa: en la traducción se cuelan algunos anglicismos, además yo ahorcarían sádicamente todos los puntos suspensivo dentro de párrafo, las explicaciones se comen las páginas, en la mayoría de ocasiones no se nos proporciona una adecuada selección de elementos para situar la escena. Lo único que me ha llamado la atención en el sentido positivo son, como ya he mencionado por ahí arriba, las sinestesias: la protagonista no solamente asocia colores a emociones, sino que mezcla texturas con colores y además las localiza en el espacio; me he sentido como en casa.

Ortiga: igual nos hemos pasado un poquito. Digo.
Zarza: este hombre dirige el rodaje de El diario de Noah.
Z.: Otro aspecto positivo es el tema de las desfamiliarizaciones. Uhm. Cuando he escrito «positivo» algo en mí ha maullado lánguidamente. Normalmente me parece que este recurso se usa muy poco. Demasiado poco. En esta novela, teniendo en cuenta el nivel de wtf, lo poco situada que está la acción y la borrosa (intencional, sí, pero exasperante) línea entre realidad y magia, diría que me sobran unas cuantas.

Nunca pensé que llegaría el día en que diría esto.

Casi todas las desfamilizarizaciones que aparecen son sinestesias, por cierto, pero hay alguna por ahí que, en un alarde de ingenio, se atreve a probar otras cosas.

Ay. Necesito deciros algo. Me gustan las sinestesias tanto como a la que más. Hacía mucho que sentía que faltaba en mi vida un personaje que pudiera ver las cosas así, en términos de asociaciones aparentemente peregrinas para el resto del mundo. Así que gracias, Stephanie Garber. Pero te odio, Stephanie Garber. Porque tenías el personaje perfecto para hablar de cosas fascinantes y de esa línea difusa entre realidad y magia sin aclarar de cuál de las dos se trataba. Un personaje que percibe la realidad de una manera tan poco real podía dejarnos permanentemente con la duda de si lo que acaba de suceder es un sueño, magia, setas alucinógenas o una persona que siente las cosas de forma muy distinta a los demás. La línea seguiría siendo difusa, si es que querías que ese fuera el núcleo, Stephanie Garber. Pero no. En lugar de eso, utilizas la sinestesia para ser horriblemente explicativa, y añadir kilos y más kilos de redundancia a tus páginas ya repletas de ellas. Te odio, Stepahnie Garber. Esto duele.

Nunca pensé que acabaría harta de desfamiliarizaciones y sinestesias. Cielos. Y sin embargo, aquí estamos.

¿Sabéis un poco la sensación que tengo? Los impulsos homicidas de cuando alguien te cuenta un sueño. Uno largo. De los que mola soñar, pero a nadie le gusta que le cuenten. Es un sentimiento que no está muy socialmente aceptado, y te toca sonreír y asentir como un perrito de los que pones en el coche porque les tiembla la cabeza cuando frenas. Pero en realidad quieres matar a alguien. Para más señas, a la persona que te está contando el sueño.

Así me he sentido durante todo el libro. La certeza de que las cosas están pasando porque sí (o peor, porque «¿por qué no?») y no van a ninguna parte. No hay intención comunicativa de conjunto. Cero. Kaput. El posible crecimiento de los personajes se lo carga el final.

A pesar de ser casi un mundo aparte, Caraval no tiene una lógica propia, solo una sucesión de personajes planos que intentan que la protagonista avance en el juego (lo llamo juego un poco por no ponerme a malas con el tipo que haya escrito la sinopsis, pero, vamos, que esto se parece tanto a un juego de verdad, como dejar de tu prima de tres años te gane al Monopoly). Ni uno solo de los personajes secundarios que danzan de vez en cuando por las páginas intenta ponerle las cosas difíciles a la protagonista, y lo único que hace que ella no avance tan rápido es la desconfianza que le tiene a todo el mundo. Esa falta de lógica se extiende al narrador. Para el narrador y los personajes, que a un personaje le hagan un corte es una tortura (dicho con voz seria), pero los juegos mentales del final son una treta inteligentísima para resolver el conflicto sin ningún tipo de consecuencias (morales, psicológicas, pfff) para la protagonista.

Lovely, no me digáis que no.

O.: Muy bien, una vez aclarado todo esto, hablemos de ejemplos concretos. A partir de este punto, there be spoilers. Avisados quedáis.

Z.: Esta es la parte en la que nos reímos y nos admiramos con algunas de las mejores sinestesias de Stephanie Garber.

Aún no te he perdonado, Stephanie Garber, quiero que lo sepas.


Núcleo

La idea es que Scarlett crezca como persona porque aprenda a salir de su zona de confort, porque esté dispuesta a VIVIR por su hermana, sin embargo en el clímax lo que se le pide es que esté dispuesta a morir por Tella, algo que ya estaba dispuesta a hacer desde el principio.


Sinestesias

Esta en concreto es un poco tonta, pero a mí me ha gustado. La protagonista identifica el deseo con el color miel, y en Caraval hay muchas cosas doradas y opulentas.

Una de las mejores sinestesias del libro, que más tarde se convierte en un coro (aprendes a temer el color y el aroma morados, vaya) es la que identifica el olor de su padre con el púrpura/lavanda. En la primera escena del padre, además, este lleva guantes de color ciruela, «el tono de los cardenales en la piel». Qué queréis que os diga, me parece lovely para hablar de maltrato físico.

Cuando la protagonista se pincha el dedo (duerme, Aurora, duerme) para entrar en Caraval, se encuentra detrás de unas cortinas rojas, y de pronto todo le parece más real, y siente que hasta puede saborear el rojo de las cortinas (sentir más se convierte en sentir otras asociaciones sinestésicas a las habituales, qué fantástico), y piensa en tarta de chocolate empapada en vino. Encanto de criatura.


Subtexto

Esta en principio la iba a dejar sin poner, pero he releído mis notas y me ha hecho tanta ilusión verla… ¡Hay un escena con subtext! Y es uno que rompe la realidad compartida, así que es maravilloso. Cuando el padre pilla a las hermanas con un chico (un ligue de la hermana de la protagonista), las dos chicas empiezan a echarse la culpa mutuamente (a esas alturas ya sabemos que el tipo las pega cuando alguna «comete un error»). Ten hermanas para esto, dioses. Pero luego resulta que es que el padre castiga a la hermana que no ha metido la pata, así que culpándose la una a la otra están intentando salvarse. Me diréis que no es un encanto. Por supuesto, tarde o temprano todo se explicita, pero durante unos momentos estuve muy confundida hasta el momento de revelación y, aunque breve, fue fantástico.


Da fuqs varios

++++++++++++++++++++Una mentira y un credo++++++++++++++++++++
++++++++++++++++++++Por cada espina del tallo++++++++++++++++++++


En fin, al menos me he reído, así que no me voy a quejar demasiado. Echadle un ojo al libro si os interesa el tema de las desfamiliarizaciones y la sinestesia, o si tenéis mucha tolerancia a que la gente os cuente sus sueños.


Chichómetro: meh.

Potabilidad: siempre y cuando toleres bien las inocentadas y los sueños mu' largos.

Carcajadas: 3/10

5 comentarios :

  1. ¡Las extrañe!
    Bueno me interesa el libro así que lo buscaré en pdf :D (tengo tolerancia para sueños). Espero que las desfamiliarizaciones me queden mas claras que con la entrada de Zarza en "yo también quiero ser escritor". Tiene pinta de ser un despropósito interesante con eso del padre y la sinestesia, me lo apunto

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  2. Hola
    Una parte de mi le llama la atención pero por otra me parece que me va a decepcionar bastante por que eso de que un libro lo alaben tanto a mi me mosquea aveces bastante y pierda el interés en algo o que no me guste realmente (como me ha pasado muchas veces con muchos libros) igualmente lo leeré.
    Buena reseña
    Saludos y nos leemos
    SannyLovegood~

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  3. ¡Estoy confusa! ¡Muy confusa!
    Bueno, no tanto como para que no me haya quedado claro lo que pensáis del libro, pero ¡confusa!
    Y he de decir que me habéis tentado. Tiene toda la pinta de convertirse en uno de mis libros WTF.
    ¡Besos, Malas Hierbas!

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  4. Ay, me ha parecido una crítica muy interesante y hasta me han entrado ganas de leerlo, básicamente por las sinestesias (me encantan las sinestesias) y las desfamiliarizaciones (he leído la palabra tres veces y creo que está bien escrita, pero si no lo está, lo siento XD).

    Por cierto, me ha parecido muy original lo de los tumblr con contraseña, y en cierto modo me he sentido realizada porque he sacado los tres acertijos a la primera jajaja

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  5. Oh, el padre es malo por amor al arte (y la abuela no hace nada), pero la idea de irse por ahí a lo loco es más bien cosa de la hermana pequeña. En realidad no lo hemos puesto en la crítica, pero con respecto a esto hay algo que me parece interesante. La protagonista está deseando salir de casa y poner a su hermana a salvo, y para ello quiere casarse con el cuestionable y misterioso candidato que le ha elegido su padre. No sé si la autora lo hizo con esta intención en mente, pero hay una escena en la que un personaje le dice a la protagonista que a veces es más fácil dejar que otros nos hagan daño, y me hizo pensar en la culpabilidad que podría arrastrar ella. Por el abandono de la madre, los golpes del padre, la seguridad de su hermana... Ya sabes. Visto así, me parece interesante que el hecho de que la protagonista no se quiera fugar (o que la manera de fugarse sea el matrimonio con un desconocido que también podría hacerle daño) tenga que ver con su creencia de que en el fondo es merecedora de un castigo. Uno que no puede infligirse a sí misma, de ahí que busque verdugos.

    Como digo, no tengo claro que esto sea intencionado. Para ser honesta, lo dudo, pero la esperanza es lo último que se pierde, supongo.

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