Donde la literatura y la maldad se toman un té

viernes, 12 de mayo de 2017

Honrosas excepciones (8)

Sí, queridos hierbajos: el ritmo de publicaciones del Jardín roza los números rojos. Dentro de poco Blogger estará tan hasta las napias de esperarnos que empezará a escupirnos artículos.

Somos lentas. Estamos vagas. Tenemos TFGs, terapias y dramas personales con los que lidiar. Y ¿he dicho ya que estamos vagas? Por lo menos yo. Ya veremos si este verano podemos darle vida a esto. Y un lavado de rostro. Entre tanto… os jodéis [:D].

¿Con qué vengo yo hoy por aquí? Hierbajos y hierbajas, trols de todas las edades: habemus víctima voluntaria. La muy valiente Carmen Romero se puso en contacto con estas malignas servidoras para pedirnos una lectura de la obra que tenía publicada con Triskel Ediciones. Y aquí estamos.

¿No es maravilloso cuando nuestros masoquistas seguidores resulta que escriben decente?





Título: A los pies del palacio
Autora: Carmen Romero Lorenzo
«Amaltea no es el ejemplo de dulce huérfana que se suele encontrar en los cuentos de hadas. No sueña con escapar de su vida ni pretende casarse con un príncipe. Por si fuera poco, prefiere confiar en sus propios hechizos antes que en los de un hada madrina. De hecho, si alguien conociera sus secretos probablemente la calificaría como la mala de la historia: sin escrúpulos, egoísta y manipuladora. Mas no todo es blanco o negro cuando, una Amaltea ya adulta, se dispone a escribir los motivos que acompañaron a sus decisiones.
En su primera novela, Carmen Romero Lorenzo reinterpreta un cuento clásico por todos conocido, dotando a la narración de elementos cotidianos, naturales, pueriles, para perfilar de este modo una obra a veces cruda, a veces sensible, que acaba por dibujar, en un escenario de corte fantástico, los elementos esenciales y oscuros que definen a cualquier sociedad de cualquier tiempo, ya sea real o imaginado».

Empecemos por el principio: la sinopsis. No estoy para nada de acuerdo con lo que le han escrito a esta obra. Creo que me están intentando vender un libro que poco tiene que ver con lo que me he acabado leyendo. Salvo uno o dos detalles, nadie que conociera la historia de la protagonista podría calificarla como «la mala»: tiene escrúpulos, es bastante buena persona y preocupada por sus semejantes y de manipuladora tiene lo que yo de sombrero. De sus hechizos no se ve tanto durante el transcurso de la narración, son más bien algo de (tras)fondo que de vez en cuando salta a primer plano (pero sólo de vez en cuando). Y luego tenemos el párrafo destinado a alabar a la autora y su arte y, en mi opinión, quien sea que lo haya escrito no ha sabido captar la intención de la novela o tal vez no ha leído la misma novela que yo: pudiendo haber vendido el valor feminista que tiene el relato, van y nos sueltan una tontería cualquiera sobre costumbrismos y sociedades atemporales. Pues bueno.

En fin, serafines. Todo a su debido tiempo. Sigamos con la trama.

Esta es, a grandes rasgos, una reinterpretación del cuento de la Cenicienta, aunque también se mete Blancanieves hacia el final y durante la mayor parte de la novela en realidad el relato se centra en la parte previa a la versión de Disney del cuento que todos conocemos. Estamos hablando principalmente de la niñez y adolescencia de la protagonista, su vida cotidiana, su familia (de sangre y postiza), sus relaciones con sus hermanas y su madrastra (ninguna de las cuales la trata como a una criada en este caso) y sus pinitos con la magia.

Si tuviera que apostarme un núcleo, creo que diría que la autora quería hablar de la importancia de los lazos familiares, con independencia de la relación consanguínea, y, más concretamente, de sororidad. La verdad, si esta no era la intención de Carmen Romero me quedaría bastante sorprendido, porque le ha salido un reloj estropeado con muy buena puntería. Las relaciones que se establecen entre todos los personajes femeninos de esta novela son bastante encantadoras (y hay que decir que los personajes femeninos suponen la práctica totalidad del elenco): no se juzgan entre sí como rivales ni competidoras, se ayudan, se valoran, se escuchan las unas a las otras e incluso se evita juzgar a terceras de quienes desconocen las circunstancias o motivos de sus acciones. Los pocos personajes masculinos que hay apenas asoman la cabeza y tienen en la narración el peso justo que sus acciones les confieren: se les tiene como responsables de sus actos en cuanto a propasamientos «amorosos» y se juzgan sus acciones por lo que son en lugar de desviar la atención y la culpa hacia «la zorra», «la calientapollas», la mujer.

La novela está narrada en primera persona por boca de su protagonista, cuya conciencia se halla situada muchos años después de que los acontecimientos del relato tuvieran lugar; y esto está construido, y se nota [Ortiga baila la danza del vientre a modo de celebración, son estos pequeños detalles los que dan también calidad a un texto]. La narración se justifica so pretexto de una suerte de diario personal: el personaje escribe su historia en unas hojas que planea quemar una vez concluido el relato. La narración no tiene una autoridad racional llamativa y concreta, pero cuenta con detalles que contribuyen a construir de una manera discreta la credibilidad (detalles cotidianos, prácticas…). La autoridad emocional, tanto la parte correspondiente a la etapa adolescente del personaje como su contraste con la mujer adulta que es al relatar la historia, es muy decente.




Pero no dejemos todavía de hablar de la voz narrativa porque, aunque tiene sus puntos buenos, no es perfecta. A pesar de que en la conciencia de la narradora se aprecia el paso del tiempo y cómo este ha afectado a la manera en que narra los hechos que tuvieron lugar durante su juventud, he de decir que en mi opinión no ha terminado de cuajar la cosa. La narración hace pensar en un largo proceso de madurez, una mujer ya con larga experiencia y perspectiva de su propia vida; y, si bien no sabemos exactamente la edad que tiene el personaje cuando escribe esta suerte de memorias, haciendo cálculos se le echa una treintena larga, no más. La madurez de la conciencia, pese a la juventud de su narradora, podría achacarse a una vida de esas que cuentan como varias, con muchos obstáculos y tragedias que superar; no obstante, los años que se nos narran con mayor destalle no justifican el salto madurativo posterior y los últimos (y tal vez decisivos) años, previos al momento presente del relato, se narran en unas prisas y sin hacer mención tampoco a ningún acontecimiento concreto que cumpla el papel de justificante. Creo que a este detalle se le podría haber dado alguna vuelta más.

De los personajes en realidad ya os he hablado un poquillo. Tienen sombras y tienen conflictos (algunos más que otros). Los cuatro personajes principales (Cenicienta, la madrastra y las dos hermanastras) tienen personalidades perfectamente discernibles, establecen relaciones singulares entre ellas y tienen objetivos. De todas ellas, gana por goleada en tanto que personaje la hermanastra mayor, que es una passive aggressive raven como pocas y tiene motivaciones contradictorias. El príncipe de turno, pese a tener poco peso a nivel narrativo y aún menos intervenciones, también queda bien esbozado. Es todo muy lovely.

Y así llegamos a la prosa, que es sin duda la parte que peor parada sale de todo este entuerto. Aunque hay algunos detalles que le añaden profundidad y subtext aquí y allí, lo cierto es que la gran mayoría del texto está compuesta por resumen narrativo y explicaciones. Sobre todo al principio y al final de la obra los sucesos se cuentan en unas prisas y muy resumidito, como creo que ya mencioné más arriba. Me da bastante pena, la verdad, porque ya habéis podido ver que el libro tiene por otro lado muchísimos puntos positivos que se hubieran beneficiado inmensísimamente de una prosa bien trabajada, con subjext, y una selección y construcción de escenas decente. Qué tristeza más profunda la mía.

Pero bueno, esta es la crítica. Imagino que os imagináis que no tengo nada de lo que reírme en esta ocasión, pero sí un par de bonus points de los que me gustaría hablar. Atención spoilers:

Puntos extra por representación lésbica en la trama principal.

Puntos extra, también, por valores feministas sin caer en la moralina o el adoctrinamiento.

Cojonuda (y puñetero mal rollo que da) la situación con el príncipe: se presenta de una manera genial una situación no solo de acoso y finalmente consumación de una violación, sino de dinámicas abusivas de poder que actúan como metáfora escalofriante de lo que nos comemos las mujeres en el mundo real.

Y todo esto por no hablar de la búsqueda de la Cenicienta con el zapatito, que no podría haberme leído este libro en mejor momento porque ha coincidido casi con toda la historia esta espeluznante del tarado del tranvía. El asunto del zapato es, punto por punto, paralela a la del iluminado que llenó la ciudad de cartelitos con una descripción vaguísima de la chica de la que se había «enamorado». Los pelos, como escarpias.

Chichómetro: comida en condiciones.

Potabilidad: agua embotellada.

Carcajadas: 0/10

Otras páginas que tienen publicadas críticas o reseñas de este libro, por si os interesa contrastar: Entre libritos, Entre líneas, Juntaletrerías.

1 comentario :

  1. hola! hierbas, nos encanta su blog y destripamiento de la obra, hace juego con su honestisima maldad. gracias pues no la conocemos y llevamos al muro, saludosbuhos!!!!!!!

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