Donde la literatura y la maldad se toman un té

jueves, 3 de agosto de 2017

La trampa de los 18, de Erin Bowman

Título: La trampa de los 18
Autora: Erin Bowman
«Lo llaman "el Rapto": la medianoche antes de su decimoctavo cumpleaños, la tierra tiembla, sopla un viento helado, del cielo desciende una luz cegadora... y todos se desvanecen por siempre jamás.
Todavía faltan unos meses para que a Gray Weathersby le llegue su turno, pero cuando su hermano Blaine es víctima del Rapto, todas las verdades de su pequeño mundo se tambalean...».

Queridos hierbajos, hace unos cuantos meses ya que no puedo encontrar las ganas de ponerme a escribir más críticas para publicar en el blog. Lo cierto es que sigo sin ganas de hacer críticas, para qué mentir. Puede que sea la repetición: decir siempre lo mismo está claro que llega un momento que cansa.

Así pues, voy a hacer un experimento con esta novela. A ver qué sale.

En esta ocasión quiero hablaros de por qué esta novela es mierda desde un punto de vista humano, educativo, social. Es decir, analizándolo desde una perspectiva feminista. Es sorprendente que, sobre la base de una sociedad en la que los hombres desaparecen al cumplir los dieciocho años y las mujeres tienen que seguir con su vida, una historia pueda hacer alarde de tanto machismo estructural y no se moleste en asomarse siquiera a la posibilidad de un modelo social basado en la mencionada premisa.

Esta no es una buena novela y tiene básicamente los mismos fallos que ya me habéis visto repetir un trillón de veces: resumen narrativo, texto plano y explicativo, falta selección de elementos, ausencia de núcleo… Lleno de cosas (sobre todo al final) que no tienen el más puñetero sentido, hechas a la medida de unos personajes demasiado estúpidos y para que la resolución del conflicto esté al alcance de sus posibilidades. Nada nuevo bajo el sol. A nadie le importa. Hablemos de la representación de la mujer en el texto.

Partimos de un protagonista masculino, para comenzar. Continuamos con el hecho de que, como ya he mencionado, no hay ni siquiera un intento por disimular que el texto suda del tejido social que pueda haber tras una población compuesta sólo por menores de edad y mujeres adultas. Tampoco hay, por supuesto, representación LGBT+ ninguna: el «amor» no existe en esta sociedad, porque el «amor» obviamente sólo puede darse entre un hombre y una mujer y aquí los «hombres» les duran dos telediarios antes de que el estanco los reclame y desaparezcan. Seguro que TODAS las mujeres se quedan viviendo el resto de sus vidas en virtuosa y apasionante castidad. Eso por no mencionar que hubiese sido interesante ver cómo se lidiaba con la transexualidad en este contexto.

Hablemos de los personajes. Aviso de que aquí habrá SPOILERS.




Comencemos con los no decisivos. De entre todos los personajes que forman parte del decorado junto con pastor3, árbol15 y piedra72, tenemos inevitablemente a las mujeres que viven dentro de esta sociedad desprovista de hombres adultos: dejando al margen el hecho de que esto sólo es el primer cuarto de la novela, me sorprendería si el esfuerzo combinado de todas ellas supusiera más de veinte intervenciones de diálogo totales. En las siguientes tres cuartas partes de la historia, ya por fin en el mundo mixto que tanto habíamos echado todas de menos, el decorado de médicos, soldados, dirigentes malvados y samaritanos rebeldes cuenta con la friolera de tres mujeres que tienen, cada una, una/dos intervenciones de diálogo y/o una mención a su existencia o presencia en determinada escena. Ni que decir tiene que el malo malísimo es un hombre, sus principales aliados son hombres, los dirigentes de los rebeldes son tres hombres (más una sola mujer), el padre y el hermano del prota son hombres, los científicos son hombres, los soldados son hombres (sólo se hace mención específica a una mujer), hasta los puñeteros locos desquiciados encerrados en la última celda de las mazmorras son hombres. Vamos, que te vas a cagar y seguro que tienen hombres sujetándote el rollo de papel higiénico porque ya no saben ni qué hacer con los que les sobran.

¿Sabéis el hashtag este de #SinMujeresNoVoy? ¿No os dan ganas a veces de aplicarlo a la lectura también? A mí sí.

Decorados aparte, el protagonista cuenta con dos intereses amorosos: dos mujeres, por supuestísimo. Una de ellas es una criatura amante y femenina, aprendiz de «médico»; pero no médico de los que se comen diez años de universidad más mil extra de residencias, estudio y guardias en hospital, no: médico de los sacamuelas de antaño en las aldeas, que han aprendido un oficio (la sociedad en la que se crían está tecnológicamente poco desarrollada). La justificación narrativa de este personaje es simplemente hacer que al prota le pique el gusanillo de iniciar la aventura, por lo demás es una persona que, a pesar de querernos vender el narrador que es bastante echada para adelante, lo cierto es que ni pincha ni corta y se dedica a seguir mansamente el ritmo que marca el pipiolo la mayor parte del tiempo (de hecho él llega a tomar decisiones por ambos sin consultarlo antes con ella [que para algo es él el hombre de la relación y tiene más idea de lo que hay que hacer en ese nuevo mundo completamente incomprensible para ambos]). Triste resulta que la acción más reseñable de esta chica sea decidir abandonar a su familia y la seguridad de su lugar natal para ir a un lugar del que hasta ahora nunca nadie ha vuelto con vida, todo por seguir los pasos de un tío con el que se lleva bien desde hace como un mes (dice que lo hace porque quiere respuestas, pero respuestas dice haberlas querido siempre y no decidió jugarse el pellejo por ellas hasta que su novio dijo que se largaba).

Faltaría más.
El segundo interés amoroso del prota es la «única mujer en un mundo de hombres»: una tipa dura, ágil, fuerte y, sobre todo, letal. Ya sabéis, ese tipo de personaje femenino que busca congraciarse con el público a fuerza de dominar habilidades tradicionalmente asociadas a lo masculino y que se libra de esos molestos rasgos femeninos de ser vulnerable, que le gusten las «cursiladas», mostrar sentimientos o necesitar ayuda (salvo cuando las exigencias del guión lo requieren para que el prota pueda hacer alarde de su hombría). En relación con este personaje también se asoma la cultura de la violación y, como no podía ser de otra manera, aparece el cuñao de turno (el prota en este caso) a soltar el «denuncia, mujer», que es que no nos libramos de ello ni en literatura, coño.

No obstante, lo peor de esta novela con diferencia es el protagonista en sí, su psicología, su toxicidad. Pasando por alto comportamientos quizá más sutiles, que en este caso no hace falta hilar tan fino, hablemos de las joyas de la corona. Breve resumen para poneros en situación: el muchacho comienza la historia con su primer interés amoroso, la niña aprendiz de sacamuelas de la que ha estado colgado básicamente toda su vida; se habla del amor romántico como un gran ideal, del «hasta que la muerte nos separe» y ese tipo de cosas; poco después de haber abandonado la relativa seguridad de su hogar, los dos personajes se separan cuando el prota tiene que huir de la ciudad de los malos para que no se lo carguen, mientras que su interés amoroso se queda allí abandonado porque no hay tiempo/oportunidad de llevárselo también; en el cuartel general de los rebeldes, el prota conoce a su segundo interés amoroso, que le empieza a hacer tilín desde el primer momento, pero se contiene porque sigue pensando en el interés idealizado al que todavía tiene que rescatar de los malos.

Bien. Hablemos ahora de lo cabrón, estúpido, machista y tóxico que es nuestro querido protagonista. Hacia el final de la historia, el prota regresa a la ciudad de los malos para intentar rescatar a su amorcito, como era de esperar. Como a él se le ha declarado muerto (porque al gobierno malvado no le conviene admitir que se escapó), allí se encuentra con que el amorcito en cuestión se está tirando a otra persona. Y se monta la de Dios. Él se pilla un cabreo del quince y se vuelve verbalmente agresivo (y pasivo-agresivo) contra ella. Básicamente se dice que, mientras que él se ha estado «conteniendo» por deferencia a ella, ella es una puta que se ha tirado al primero que se le ha puesto por delante en cuanto él ha salido de escena. No contento con esto, el chico llega al extremo de liarse con el segundo interés amoroso en presencia del primero sólo para vengarse. Durante todo esto y hasta el final mismo del libro, el primer interés amoroso acepta como ciertas las acusaciones de él, le suplica perdón de forma reiterada y se arrastra un par de veces para intentar volver a ganarse su simpatía sin que él se digne a rebajarse casi a hablar con ella, que se ha portado tan mal. El tío, encima, no deja de tener pensamientos claramente destinados a intentar que nos congraciemos con él a pesar de todo: en plan «a pesar de lo que me ha hecho, la muy puta, la quiero demasiado para abandonarla a una muerte segura». Precioso, estoy sin palabras.

Para estrellarlo contra un muro de hormigón y decir que se lo hizo él solo, vamos. ¿Me estás vacilando? O sea, el muy capullo se cabrea básicamente porque él no ha mojado y ella sí, y eso es injusto. La diferencia es que él es quien la abandonó a ella (no que fuese por voluntad propia, pero fue así), y además él ha sido declarado muerto, ella cree que él está muerto. Y, de todas formas, aunque ella no lo hubiese creído muerto, él no tiene ningún derecho a proceder a tratarla de la manera en que la trata, contando además con el consentimiento tácito de todos los demás personajes involucrados. Ella es libre de seguir con su vida y tirarse a quien le salga de los santísimos ovarios, no tiene por qué esperar a ver si el otro quiere y puede regresar a buscarla si no le da la real gana, y nadie tiene derecho a echarle nada en cara, insultarla o faltarle al respeto de ninguna otra manera. Es absolutamente repugnante ver cómo se normalizan y romantizan este tipo de comportamientos. Repugnante.

He de reconocer que me espanta especialmente cuando leo este tipo de cosas sabiendo que las ha escrito una mujer. Tal vez es porque me recuerda a mi propia ignorancia antes de empezar a preocuparme por este tipo de temas y molestarme en comenzar a leer sobre feminismo.

Y, para mitigar el dolor, os dejo un par de cosillas que me he apuntado durante la lectura:

«Veo que hay mucha sangre y no encuentro la herida ni puedo saber lo grave que es». Nos encontramos ante una herida muy esquiva. El asta de la flecha que sobresale del muslo no nos da demasiadas pistas sobre su localización.

«—Vale —me dice—. Allá vamos. Uno… Dos…
Sin previo aviso, el dolor me recorre el cuello y todo arde». Le has pedido que cuente y ha contado. ¿Quieres que te pongamos también una flecha de neón? Ah, no. Que no sabes seguir las flechas. My bad.

«Noto una puñalada, como si un hierro candente me atravesara los músculos del cuello, y después como si me arrancara algo y tirara para sacármelo del cuerpo». ¿«[C]omo si»?, ¿cómo que «como si»? Eso es EXACTAMENTE lo que sucede (salvo la parte del hierro «candente»). No pareces tener muy clara la distinción entre término real y término imagen.

«[U]na fina capa de agua le empaña los ojos». Las lágrimas le impiden encontrar las palabras adecuadas para hablar de las lágrimas. Fucking meta.

«[A] pesar del sudor, es muy guapa. Impresionante, en realidad. Extremidades delgadas y esbeltas, curvas hechas para acariciar». Es que si sudas, tienes pelos, estrías… das mucho asco, ¿sabes? No te vas a comer un colín en la vida. Y ya como se te ocurra tener la regla ni te cuento. Porque, para ser guapa, tu cuerpo tiene que estar hecho para el placer masculino, para que te acaricien, por ejemplo.

«Algunas mujeres se aferran a los hombros de sus parejas masculinas, y juntos bailan al ritmo del banjo y de la guitarra que tocan en la esquina». Esta es toda la representación femenina que hay en el mundo fuera de la pequeña sociedad en la que se ha criado el prota al principio de la historia. Heterosexualidad a tope, además.

«—¿Por qué no me besas? —pregunta sin más (segundo interés amoroso), con voz de niña». Hola a ti también, cultura de la pedofilia.



Chichómetro: kill it with fire before it lies eggs.

Potabilidad: se puede vomitar.

Carcajadas: 4/10

3 comentarios :

  1. Holi.

    Yo un día empecé a analizar todo con perspectiva feminista porque me hartaba decir lo mal que escribía la gente. O lo bien. Qué se yo. Te entiendo.

    Por otro lado, me apunto esto en "nunca-leer" y apaga y vámonos.

    Nea

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  2. Da bronca, es cierto. Mucho más cuando la que ha escrito estas cosas es una mujer. Ahora, ¿en serio el protagonista la trata de trola a la pobre sacamuelas? Encima que la chica se fue por él de su casa y queda abandonada vaya a saber dónde, no tiene ni el derecho de darse una alegría. En fin, que el mensaje final es que lo único que importa es el amorrrr, el amor blanco, heterosexual, joven y con curvas para ser acariciadas. No me imagino cómo serán las curvas que no se puedan tocar. ¿Las curvas de un cactus,por ejemplo? Pobres cactus.
    Hablando de las cosas que una empieza a ver cuando va leyendo un poco sobre feminismo. Desde hace un tiempo, me molesta mucho ver en series o películas a toda una manada de tipos y solo una mujer. ¿En serio? ¿Cuando estamos siempre en todas partes? Sacando eso, el único papel de la pobre chica es pasearse en traje escotado/de cuero apretado/pollerita corta y coletas, seduciendo o portándose de forma poco confiable mientras los demás se ocupan de los asuntos importantes de la trama. Otra cosa, el modelo de "mujer traicionera" también ha empezado a molestarme mucho. Esto es más que nada en música escrita por hombres. Y ya me voy, o seguiré quejándome. Buena crítica desde este punto de vista. Espero ver más, yey.

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