Donde la literatura y la maldad se toman un té

jueves, 6 de noviembre de 2014

Los Innombrables (8) bis


¡He vuelto!

¿Preparados?

Continúo donde lo dejé el otro día. Os dejo mi selección de citas y otras monstruosidades de El ejército negro.

Os puedo asegurar que este libro peca de casi cualquier defecto en el que podáis pensar. Estos son solo algunos ejemplos de fallos fácil—y sucinta—mente señalables. Disfrutad.

Con todo mi amorr.


-Los sucesos y personajes están llenos de contradicciones internas injustificadas. Hay algunos graves desperdigados, pero en general son cosas pequeñas (si bien MUY numerosas), como: entran veinte soldados a caballo en una aldea (que pese a ser eso, una aldea, tiene una «calle principal»), van «armados hasta los dientes» y pertrechados con toda la parafernalia de armadura y demás, pero de ellos se dice que «sabían que, a pesar de su sigilo, los habitantes del insignificante pueblo de Drácamont los espiaban a través de las puertas y ventanas entreabiertas». Lo siento, pero no es como si los aldeanos necesitasen un oído superdesarrollado o clarividencia para escuchar a veinte tíos a caballo vestidos con armadura y cota de malla en plena noche.

-Los dos primeros capítulos ambientados en la época actual comienzan con un primer párrafo en versalitas, en el que el protagonista establece que todos los días cuando se despierta tiene que recordarse a sí mismo quién es y dónde está, porque sus sueños son muy vividos: «ME LLAMO ARTURO ADRAGÓN, VIVO CON MI PADRE EN LA FUNDACIÓN, EN LA CIUDAD DE FÉRENIX. ESTAMOS EN EL SIGLO VEINTIUNO, HOY ES UN DÍA NORMAL Y TENGO QUE IR AL INSTITUTO.» Estos nobles propósitos duran, como ya he dicho, sólo dos capítulos (y más adelante se hace quizá una o dos veces más, a mitad de la novela), por lo demás, el niño no vuelve a llevar a cabo su rutina diaria supuestamente imprescindible para mantener su delicado equilibrio mental [y así le va…].

-Presentación del personaje protagonista:
«Me miro en el espejo [Ortiga: selfies literarios, lo nunca visto] y veo que la cabeza de dragón que tengo dibujada sobre la frente, entre las dos cejas [Ortiga: lo especifica, por si acaso hay gente que tiene más de una. O menos], sigue en su sitio [Ortiga: también lo especifica, porque hay gente a la que las marcas de nacimiento le desaparecen de un día para otro, o se le cambian de lugar. Nunca se sabe]. Igual que esos extraños manchones negros, que están fundidos [Ortiga: ¿?] sobre mi piel, y que decoran mis mejillas [Ortiga: bueno, si resultan decorativos, la cosa no va tan mal, digo yo].


Por su culpa [Ortiga: ¿referente?] me veo como un adefesio y me siento diferente al resto del mundo [Ortiga: gracias por narrarme tus sentimientos como si te creyeras dentro de un libro. Resulta muy ilustrativo para mí como lectora]. Mis compañeros de colegio se encargan de recordármelo cada día [Ortiga: sus compañeros de colegio le soplan todos los días «hey, oye, acuérdate de que te sientes diferente al resto del mundo ¿eh?», por si acaso se le olvida. ¿No son encantadores?]. Igual que todas las personas con las que me encuentro, que cuando me ven, no pueden evitar susurrar: «Pobre muchacho» [Ortiga: en serio, la gente por la calle no suele ir haciendo este tipo de cosas. Que puede pasar, oye, de vez en cuando (sobre todo niños pequeños señalándote con el dedo y esas cosas). Sin embargo, teniendo en cuenta que lo que tiene este niño en la cara parece a simple vista un tatuaje, no debería ser ni de lejos tan grave]. Y lo peor es que tengo que darles la razón: mi aspecto es verdaderamente deprimente [Ortiga: pues mira, chico, muérete ya y deja de dar el coñazo. Ya ves tú que simple. Y todos contentos].
--Hola, dragón -le saludo como todos los días-. ¿Estás bien? ¿No te vas a ir nunca? [Ortiga: pfff… xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD He intentado contener la risa, lo juro, pero… Dios, esto es TAN épico]»

Esta es la cara que se me ponía cada vez que
aparecía Arturo en escena.
[En realidad, resume muy bien mi cara durante toda la lectura.]
-Todos los compañeros de clase de Arturo le odian, pero no por los motivos que él cree. Y si tengo que ser sincera, lo cierto es que no me extraña lo más mínimo que le odien: yo también lo haría; si yo fuese con este elemento al colegio, me vería obligada, por principios, a defenderle del bullying, pero le tendría una tirria de aquí a Canadá.

Este niño tan encantador, no es que sea simplemente un sabihondillo, el ojito derecho del profe, que contesta a todas las preguntas (lo cual no tiene nada de malo en sí mismo), es que se dedica a restregárselo a todo el mundo por las narices, con actitud de «sois todos unos ignorantes, pobre yo». Va de mártir, el crío, cuando en realidad no es más que un mocoso repelente y un quiero y no puedo (porque bien que se convierte él mismo en bully en cuanto tiene la oportunidad [en seguida llegaré a eso]).

Actitud vital de Arturo.
¿Autocrítica? ¿Qué es eso?
Cuando hablo de historia de redención de su autor y de enseñanzas morales perniciosas, esta es una de las cosas a las que me refiero. Santiago García-Clairac está intentando presentarnos a Arturo como un pobrecito al que el resto de niños hacen bullying porque tiene una calcomanía imborrable en la frente y es muy listo, para que simpaticemos con él y le queramos defender; cuando en realidad el niño no es más que un gilipollas con orejas que se cree listo [de verdad, ser inteligente no tiene nada que ver con contestar bien en clase, a ver si superamos de una vez esta mentalidad de niños de parvulario]. El autor podría haber aprovechado para hacer una reflexión moral sana y educativa sobre cómo las cosas no son enteramente buenas ni enteramente malas, y que no se trata de algo tan sencillo como que «la culpa la tienen los demás, me odian porque molo cantidubi», o para hablar de inteligencia emocional; sin embargo, ¿para qué?, por supuestísimo que los compas son todos muy malos y despreciables como seres humanos, pobre Arturito.

Os pongo un ejemplo. No es que el niño conteste bien cuando le preguntan, o que levante la mano para contestar a preguntas generales. No. El profesor de lengua hace una pregunta sobre lenguas romances a la clase como conjunto, y el crío (tras haber tenido su pensamiento mártir de turno, algo como que «contestar bien le iba a costar caro, pero no había nada de malo en ser listo y saber la respuesta»), se levanta de su sitio y sale a la pizarra para dar un discurso a modo de explicación, con diagramas de la expansión del latín por Europa dibujados por él mismo en un momento. No me jodas, ¿eh?

Es como el típico narrador que se dedica a soltar discursos inacabables sobre los pensamientos, sentimientos, vestimenta y un largo etc. de los personajes cuando claramente no viene a cuento y nadie se lo ha pedido. Creo que en literatura debería existir la pena capital para ciertos comportamientos.

Le odio. ¿Se me nota?

Pero ojito, porque el profesor es otro gilipollas con orejas. Ahí, bien atento para aprovechar la oportunidad de ridiculizar al resto de alumnos comparándolos con Oh, maravilloso Arturo:
«(Narración de Arturo en primera persona) Dibujo algunos gráficos y añado algunas explicaciones suplementarias que redondean mis explicaciones [Ortiga: pues como te expliques con este amplio vocabulario, amigo…].
[…]
--Correcto -afirma el profesor-. Has hecho un buen trabajo. Has vuelto a demostrar que eres un gran alumno… [Ortiga: al contrario que el resto de tus compañeros, putos ignorantes, ¡¡aprended del maestro!!]
Para subrayar sus palabras, se pone a aplaudir [Ortiga: O.O!!!], esperando que los alumnos van a seguir su ejemplo [Ortiga: esto es gramaticalmente muy extraño], pero se equivoca [Ortiga: what. the. fuck.]. El más completo silencio acompaña sus palmadas, dejándonos a ambos casi en ridículo [Ortiga: casi, dice].
Horacio levanta la mano para pedir la palabra y el profesor se la concede.
--Si Arturo trata de demostrar que los demás somos idiotas, quiero decirle que se equivoca. Cualquiera de nosotros sabía la respuesta a esa pregunta -explica, poniéndose en pie-. Lo que pasa es que no nos gusta ridiculizar a la gente.» Gracias al cielo, no soy la única que se ha dado cuenta.

Otro ejemplo (de su alter ego medieval): «--Me asombras, Crispín, no sabes leer pero eres capaz de hacer deducciones inteligentes.» Me diréis que esa frase no suena profundamente ofensiva y de recochineo. Y esto se lo dice a un amigo. Imaginaos que no les hará a los que no le caen tan bien. [De elitismos de estos habla Jorge en su crítica de Ex Libris.]

-Arturo, too much for the good hero:
Como ya he anticipado, al final de la historia, el Arturo actual se convierte en un bully él mismo. Se lleva a Horacio (¡a la fuerza!) a un lugar apartado y le dice que, ahora que están solos, que le insulte otra vez, a ver si hay huevos. Horacio, que claramente sólo busca llamar la atención y hacerse el gallito delante de otras personas (y que además ya ha sido atacado anteriormente por el tatuaje del dragón [sí, hijos, sí, el tatuaje está “vivo” y se dedica a atacar gente]) se acojona mazo e inicia la retirada; sin embargo, en lugar de marcharse, termina intentando darle una paliza a Arturo (cambio radical de intención y estrategia a cuento de nada [los personajes hacen aguas por todas partes, porque no están bien construidos, obviamente]). Por supuesto, el dragón ataca. Y Arturo se crece:
Gran verdad.
Sirva esta escena de muestra.
«--Escucha, Horacio... Hoy voy a dejar que te vayas sin un rasguño... [Ortiga: hoy me siento magnánimo] El dragón no te atacará y volverás a tu casa igual que todos los días... [Ortiga: amenaza futura nada sutil] Pero te lo advierto: vuelve a pasarte de la raya, vuelve a insultar o a desacreditar a alguien, vuelve a hacer una de tus gracias... y te aseguro que la próxima vez no te irás de rositas [Ortiga: «no te irás de rositas». Venga, y no me jodas. A ver, dime, valiente, ¿qué tienes pensado hacerle? O, más bien, ¿qué tienes pensado hacer que tu guardaespaldas mágico le haga?, ¿arrancarle un brazo de un mordisco?, ¿matarle? Ya que no tienes los cojones de afrontar tú mismo a tu agresor, al menos ten los cojones de hacer una amenaza en condiciones]. ¿Lo has entendido? [Ortiga: muérete.]
--Sí, sí... te juro que no me meteré con nadie.
--Más te vale. Piensa en este dragón que ahora te mira con rabia y no olvides que te vigilará, que siempre estará dispuesto a hincarte el diente... [Ortiga: muérete, maldito cobarde. Me repugnas] Y que no dudará en hacerlo... Y no vuelvas a llamarme Caradragón.
--¡No lo haré más!
MUEREEEEEE.
--Quiero que a partir de ahora me llames el «Caballero del dragón». [Ortiga: ¡¡¡por Dios, MUÉÉÉÉÉRETE!!! Zarza: pero si se lo ha puesto a huevo. Suena a manera mucho más refinada de meterse con él, con recochineo. «No me llames Dumbo, llámame Orejas al viento.»]
--Sí, te llamaré como quieras [Ortiga: pobre Horacio, lo digo en serio, esta escena es tan humillante, repugnante, enfermiza… que quiero llorar y matar a alguien al mismo tiempo. Probablemente llorar mientras mato a alguien, a Arturo, entiéndase].
--«Caballero del dragón» ¡Dilo!
--Arturo es «el Caballero del dragón».
--Pórtate bien y no tendrás nada que temer... Ahora puedes marcharte [Ortiga: gracias, Oh, Su Alteza Real, ¿debo también lamerle los zapatos antes de irme?]
¡MALDITO COLGADO HIJO DE PUTA! Maldito bully enfermo, perturbado… ¡Y encima va de héroe! Dioooos, como le oooooodio. ODIO a estos personajes que van de héroes y a los que todo el mundo quiere, porque son taaaan buenos, y que en realidad sólo son unos jodidos abusones disfrazados [ejemjamespotterejemjem, coughcoughsiriusblackcoughcough]. No podéis haceros ni la más remota idea de lo mucho que quiero que se muera este personaje. Muérete. ¡¡MUÉRETE!!

¡Enseñémosles algo útil a nuestros hijos! La violencia, las amenazas y la intimidación son la mejor manera de lidiar con los problemas de nuestra vida. Está bien abusar de otras personas, siempre y cuando esas personas se hayan metido primero con nosotros.

Santiago García-Clairac, Dios no quiera que llegues a cruzarte algún día con alguien que haya seguido tus enseñanzas.

[Inspira, espira. Inspira, espira.]

Vale, voy a intentar continuar sin lanzar el ordenador por la ventana.

-Ejemplo de uno de los maravillosos personajes de esta joya de libro (los demás son así o peor [como Arturo, que es peor, MUCHO peor. Inspira, espira…]): la profe nueva de lengua.
A esta mujer, cuando entra en escena por primera vez, se la describe de la siguiente manera: «La mujer es joven y guapa.» [Estoy pensando en una letra misteriosa curva y bonita. Zarza: son los alumnos, que cuando la ven entrar piensan: ¡joder, bieeen, está buena!]

A continuación de tamaña muestra de complejidad psicológica y dedicación al texto, se sucede la siguiente escena. La profe, antes siquiera de abrir la boca, es recibida con «aplausos espontáneos» [sí, no es coña], y ella lo primero que hace tras ser presentada oficialmente por el director [un hombre muy poco ocupado, el director de este colegio, que va presentando a los profes nuevos clase por clase para que los ovacionen] es agradecer humildemente los aplausos [faltaría más], expresar su deseo de «ser digna de su aprobación» [wtf], y a continuación preguntar a sus alumnos si hay alguna recomendación que quieran hacerle sobre la manera en que ellos piensan que la clase debería llevarse a cabo [esto no hubiera tenido nada de malo en otras circunstancias, en realidad, pero habiendo leído lo inmediatamente anterior (y teniendo en cuenta la forma de expresarse de la pava), a servidora le da por llevarse las manos a la cabeza (o al cuello —a uno ajeno)]. Aprovechando la invitación, el tal Horacio vuelve a hacerse el espontáneo y le dice a la profe que «Caradragón» es un bicho raro, que les tiene a todos aterrorizados y que les humilla públicamente [pobre niño, en serio], y que a ver si ella puede hacer que pongan al mencionado elemento en otra clase. Así que la profesora les pregunta a ambos nombre y apellidos (obviamente, para poder amonestar al espontáneo, porque ella es firme defensora del bien y la justicia), a lo que el niño contesta: «--¿Yo? Me llamo Horacio Martín y soy [Ortiga: un espontáneo] el primero de la clase.»

En fin, esta mujer, que es una docente sin parangón, no cabe duda, no solamente suelta perlas de la talla de «--Hoy vamos a hablar de la escritura. ¿Qué opináis de ella?» [hoy vamos a hablar de la comida, ¿qué opináis de ella? :D Zarza: que está buena. Como la profesora. Cada vez que vea comida voy a aplaudir]; además es una educadora nata que no para de amenazar a Horacio con que “la próxima vez” va a castigarle de tal o cual forma, cosa que nunca hace, así que el niño (evidentemente) sigue haciendo y diciendo lo que se le antoja todo el tiempo [no sé si Santiago García-Clairac tendrá hijos, pero… Pero, a quién quiero engañar, en realidad ni siquiera sé de qué me sorprendo: este mismo nivel de conocimientos sobre materia de educación es el que García-Clairac demuestra tener en todas las demás disciplinas que se tratan en el libro, es decir, sobrepasado de lejos el «nulo» para ir a aterrizar bien adentro en la categoría de «cómo es posible que la evolución aún no haya sacado tus genes de la piscina genética». Lo cual me lleva a mi siguiente punto…].

-Los ejemplos de ignorancia y estupidez supinas son incontables y recorren toda la novela. Os los encontraréis inclusive entre los fragmentos que cito para ejemplificar otras cosas (como el ejemplo anterior en materia de educación, o el del entendido en medicina que quiere esperar a que la infección desaparezca espontáneamente, en la entrada anterior). No obstante, quiero poneros un par más de entre mi selección:

Ejemplo 1. El padre y la madre embarazada de Arturo viajan a Egipto para que el primero prosiga con sus investigaciones de documentos antiguos, papiros y esas cosas. En mitad de Dios sabe dónde, en el desierto, la mujer se pone de parto [porque viajar en avión (y a lugares con riesgo de paludismo) es el tipo de cosas que los médicos recomiendan a mujeres en los últimos estadios del embarazo]. Por supuesto, no solamente están perdidos en mitad de ninguna parte y no hay posibilidad de que un médico llegue a tiempo, además fuera hay una tormenta (¿de arena?, ni lo sé ni me importa), y se quedan incomunicados durante varios días (durante los cuales la mujer muere). Pues atención al nacimiento (punto de vista del padre):
«En ese momento, como si el destino quisiera impedir que mi hijo cayera en mis brazos [Ortiga: el destino empieza a estar harto de que narradores y personajes se dediquen a echarle sistemáticamente la culpa de todo], una fuerte corriente de aire entró por la ventana principal y un chorro de aire húmedo cruzó la habitación [Ortiga: forma de expresión oral muy natural, como podéis apreciar]. Entonces, como no disponía de toallas ni mantas para cubrirle [Ortiga: y aparentemente todo el mundo iba en pelota picada, que no pueden aprovechar siquiera la camiseta de alguien], agarré el pergamino que había estado estudiando, y que casualmente estaba a mi alcance [Ortiga: casualidades de la vida. Ya sabéis, no es como si lo hubiera estado estudiando], lo desenrollé y lo utilicé como una larga sábana de papel [Ortiga: ah… ya. Esto lo haría cualquier historiador: coger una pieza histórica de valor incalculable que acaba de descubrir en algún yacimiento y utilizarla como sudario para un recién nacido sanguinolento. Y digo bien sudario, porque olvidando ya la destrucción del manuscrito a manos de este energúmeno, no deberíamos olvidar las condiciones de higiene de la improvisada «sábana de papel» (¡de papel!, ¡un pergamino! Por el amor de una madre). Parece que no es solamente en la Edad Media en la que todo el mundo intenta matar a Arturo. Por desgracia, nadie lo consigue]
A continuación, el hombre procede a quejarse de que, por desgracia, los egipcios no le permitieron llevarse el pergamino de vuelta a España, sorprendido, encima. Vamos, a mí lo que me asombra es que no le metiesen en la cárcel, por gilipollas.

Ejemplo 2. Más gente intentando matar a Arturo en la Edad Media (una vez más, sin éxito).
«No hizo falta que Arturo le respondiera. Cuando lo inclino hacia adelante, vio que tenía una flecha clavada en la espalda, a la altura del hombro y cerca del omóplato [Ortiga: ah… what? ¿Dónde es eso exactamente?].
Sin perder tiempo le tumbó boca abajo y, con ayuda de una daga [Ortiga: era una daga muy maja y se prestó a ayudarla. Received text], le rasgó la camisa y dejó la herida al descubierto. La flecha estaba bien clavada y la herida era profunda. Ahora tenía que decidir si la extraía o la empujaba para hacerla salir por el pecho [Ortiga: *-* ¡Que empuje! ¡Que empuje! *-*!!!!].
[…]
[Ortiga: O.O coño.]
Finalmente, cuando encontró lo que buscaba, optó por empujar el tallo de la flecha y atravesar la carne, ya que para extraerla habría tenido que provocar una verdadera carnicería [Ortiga: sin duda, opción mucho menos sangrienta, esta: comprometer tejidos aún no comprometidos. Sabia decisión. La pena, como digo, es que todo el mundo lo intenta… pero nadie consigue cargárselo]. Limpió cuidadosamente la herida y procuró que no quedara en ella ni un leve resto de madera o del hierro de la punta [Ortiga: por la madera y el hierro son el tipo de materiales que se desmenuzan con facilidad y dejan tras de sí “restos”. Pero bueno, los pergaminos son de papel, ¡qué sabré yo!]. Después, aplicó toda la mezcla de hierbas que había preparado.
Pero la herida era más grave de lo que parecía [Ortiga: pues ya tiene que ser grave, porque la pinta no puede tenerla muy buena, ensartado de parte a parte como una brocheta]. Ni siquiera las cataplasmas sirvieron para detener la furiosa [Ortiga: ¡e instantánea!] infección que invadía el cuerpo de Arturo. La fiebre alcanzó pronto [Ortiga: ¿alguien ha dicho pronto? :D] niveles muy altos.
Por algún motivo, las cosas se habían complicado [Ortiga: a mí se me ocurre uno. O dos]

-Aprovecho también para poneros otro ejemplo de gente intentando matar a Arturo (los hay a patadas [no es broma]):
Arturo actual & Cia. bajan a las catacumbas del museo-biblioteca en el que el niño vive. Allí se encuentran con uno de los malos de la historia, un hombre "adulto" que reta a Arturo (catorce años, recordemos) a un duelo a muerte con unas espadas medievales que había por ahí, casualmente [true story]. Arturo acepta, Dios sabrá por qué, porque en realidad nada le obliga a ello [es que es una buena persona, ¿vale? No estaría bien negarse a un duelo a muerte]. Bueno, pues tras el duelo, en el que de hecho el niño casi muere y se salva sólo gracias a una curación mágica espontánea [true story], el grupo decide que es bastante aventura por un día y que más vale subir de nuevo a la superficie. Nadie le da la menor importancia al intento de asesinato, y el colgado de las espadas de va por su lado tan pancho. Sí. True story.

-Quiero hablaros también de Arquimaes, el alquimista [¡Arquimaes el alquimista! Me parto y me mondo] y entendido en medicinas, un anciano sabio y amante de la paz y la justifica [tanto como Arturo, para que os hagáis una idea].
Arquimaes se encuentra aparentemente en posesión de un secreto peligrosísimo [Zarza: en su corazón]: tiene la fórmula de algún tipo de arma secreta chupi-guay y mega-poderosa, aunque nadie tiene ni la más remota idea de qué se trata. En un primer momento, el viejo no quiere darle el secreto al hombre loco que aparecía en el diálogo ese que os copié en la entrada anterior, el conde (o lo que sea), pese a estar en juego la vida de Arturo (al que supuestamente aprecia mucho), porque por lo visto pondría en peligro la vida de muchas personas. Cuando sabe que va a estallar una guerra a causa de su silencio, se lo repiensa, porque sabe que entonces va a morir mucha más gente. Al final, llega el rey con su ejército y empieza a lanzar bolas de fuego mágico sobre el castillo en el que Arturo y Arquimaes están prisioneros (la estrategia es: mejor que dejar que el enemigo tenga el arma secreta, prefiero que el secreto muera junto con mi enemigo; matémosles a todos [Ortiga aprueba]). Arturo, de hecho, muere quemado durante el asedio, pero resucita; y el alquimista piensa «esta es la mía», y le manda a campo abierto para que le lancen otra bola de fuego, los atacantes le vean arder, vean que no muere, se acojonen y crean que Arquimaes ha encontrado la manera de que el fuego no les afecta a ninguno, para que dejen de usarlo. Así que… estalla la guerra cuerpo a cuerpo y mueren muchos soldados de ambos bandos a golpe de espada. Moraleja: matar está mal y no debe hacerse, salvo si matar evita que yo muera :D

Más. El alquimista se promete a sí mismo una y otra vez no volver a usar la magia, pero una y otra vez rompe su promesa y hace algo para salvarle la vida a alguien y/o a sí mismo. Hasta que llega el momento en el que, olvidados todos sus buenos propósitos del principio, empieza también a usar la magia para MATAR gente. Cero remordimientos. Cero reflexión al respecto.

Y os regalo también una muestra seleccionada con mimo del sabio y bondadoso Arquimaes en acción, alma altruista donde las haya, protector de los hombres. Tan bueno, humilde y desinteresado, que quiere usar su peligrosísimo secreto para fundar su propio reino, Arquimia, del cual él será rey [true story].
«Entonces, Arquimaes se inclinó, dio un giro sobre sus talones e impulsó su espada hacía arriba, seccionando limpiamente el brazo derecho de Morfidio que, en ese momento, se disponía a golpear con su espada [Ortiga: creo que lo que más me sorprende no es siquiera que el anciano alquimista Arquimaes se las apañe para empuñar una espada y cortarle el brazo a un hombre de armas. Es que, además, el viejo es un puto sobra’o, y lo hace con un movimiento de la espada de abajo hacia arriba, que suele ser mucho más difícil que a la inversa, porque los músculos para elevar el brazo suele ser más débiles. Así, como dato curioso procedente de una ignorante del arte de la espada en todas sus formas].
Los dos hombres se quedaron quietos, mirándose a los ojos, esperando ver quién hacía el próximo movimiento, como si el mundo se hubiera paralizado a su alrededor. La espada de plata chorreaba sangre [Ortiga: fuck] y el brazo de Morfidio hizo algunos movimientos antes de quedarse definitivamente quieto en el suelo [Ortiga: FUCK! Morfidio es en realidad una lagartija].
Morfidio tenía la mirada extraviada [Ortiga: ¿no se estaban mirando el uno al otro a los ojos muy concentradamente?] y no se movía [Ortiga: al contratio que su brazo]. Escorpio se colocó a su lado y trató de sujetarle para que no cayera de golpe [Ortiga: mejor que caiga poco a poco], pero no pudo impedirlo. El enorme corpachón del antiguo conde cayó de bruces sobre el caballo malherido.
Ser Rollins, bring me their heads rolling.
:D
Arquimaes tuvo el impulso de rematarlo y cortarle la cabeza de un tajo [Ortiga: ¡qué bueno es Arquimaes!]. Por fin tenía la oportunidad de saldar cuentas pendientes [Ortiga: tan bondadoso y altruista]. Recordaba la historia que Arturo le había contado sobre su aparente muerte y no quería exponerse a que el conde volviera a recuperarse [Ortiga: parece ser que Arturo no es la única cucaracha de este libro]. No, era necesario acabar con él de una vez por todas [Ortiga: ¡tan, tan bueno!].
--¡La mano que mató a tu padre se separa de ti, carnicero! -exclamó el sabio, decidido a terminar con él-. ¡Ahora separaré del tronco esa cabeza llena de malas ideas!»
Sin palabras. En serio. Bondad y heroísmo personificados. [Por cierto, esto es un copi-paste, tildes incluidas.]

-También quiero hablaros de la madre:
Pues esta señora, como todos los demás personajes, también tiene su alter ego en la época medieval. En el medievo ella era una reina llamada Émedi a la que se tiraba Arquimaes en sus tiempos mozos (o quizá no tan mozos, quién sabe). Pues esta mujer en la época actual se llama **redoble de tampores** REYNA. Sí, tal cual lo lees.

El caso. No sé cómo, cuándo, dónde ni por qué, pero Arturo y su amiga de la época actual encuentran una especie de sepulcro en las catacumbas del museo en el que vive Arturo. En el sarcófago se lee la siguiente inscripción: «AQUÍ DESCANSA LA REINA ÉMEDI, ESPOSA DE ARQUIMAES, MADRE DE ARTURO E INSPIRADORA DE ARQUIMIA. LOS TRES SE REENCONTRARÁN DE NUEVO AL FINAL DE LOS TIEMPOS.» La peña se emociona mucho porque se dan cuenta de que realmente él es Arturo, y de que todo eso es magia y es real, y blah blah blah. Y se pispan de que la reina Émedi es clavadita físicamente a la madre del Arturo actual. Todo el mundo se pone muy contento. A nadie le preocupa la parte del final de los tiempos [a mí tampoco, por si cabía alguna duda. Yo me alegro].


Bueno, pues… la cuestión es que no sé qué relación tiene este sarcófago con lo que voy a contaros a continuación, porque me he leído la historia a trompicones, como ya os he dicho antes. Pero la cosa es que, independientemente de si en esa tumba están los restos de la reina medieval o de otra persona, finalmente descubrimos que el padre de Arturo guarda en el sótano el cadáver de su mujer, traído ilegalmente de Egipto. Nada creepy al respecto.

Pero la cosa no acaba ahí [ingenuos]. ¿Por qué el padre de Arturo guarda el cuerpo de su difunta esposa en el sótano? Quiere resucitarla. Sí, va en serio. Y para llevar a cabo esta empresa, ha hablado con la profe de lengua de Arturo, para pedirle su colaboración. El padre y la profe se traen un rollo-pollo a lo «101 dálmatas», sólo que con críos en vez de perros: él tiene un hijo, ella tiene una hija, y al final terminan los cuatro muy arrejuntados.

El caso, ante la petición del padre, la profe ha dicho que why not, que cuente con ella para lo que sea, pero según la hija se lo toma a broma:
«(Arturo)--Es sobre mi padre y tu madre. Parece que ellos han hablado de algo... especial.
(Metáfora [Ortiga: sí, se llama Metáfora. No me lo estoy inventando])--¿De casarse?
--De algo más especial.
--¿Qué puede haber más especial entre una pareja que hablar de matrimonio?
--De... ¿resurrección? -pregunto tímidamente. [**Ortiga intenta desesperadamente contener la risa…** xDDDDDD]
--¿Resurrección? ¿Te refieres a esa tontería que tu padre le ha contado a mamá sobre hacer revivir a tu madre? ¿Es eso? [Ortiga: no, se refiere a los otros proyectos de resurrección que se trae entre manos. El padre de Arturo es un hombre muy ocupado, ¿o qué te creías?]
O sea, que ella también estaba al tanto de la locura de papá. Menuda sorpresa.
--Bueno, sí, pero no es ninguna tontería. Papá tiene el proyecto muy avanzado... [Ortiga. ah… Proyecto. Como quien habla de construir una edificio, oiga] Además, creo que tu madre está de acuerdo.
--Oh, claro. Si tu padre quiere resucitar a tu madre, pues no hay problema... Que lo haga si quiere [Ortiga: eh… what? No termino de decidir si eso es terriblemente ingenuo, o jodidamente passive aggressive. Zarza: o sencillamente creepy. ¿Se van a montar un menage a trois?].
[…]
--Me parece que os lo estáis tomando a broma -digo [Ortiga: y eso es… sorprendente, por lo visto. U ofensivo. A mí lo que me parece más sorprendente es que la profe siga dispuesta al matrimonio].
--¿Quieres que nos lo tomemos en serio? Simplemente es una locura. Bueno, pues venga, creamos en ello si quieres [Ortiga: creo que voy a ir con passive aggressive, finalmente].
--Oye, me molesta un poco que te tomes a broma la resurrección de mi madre -me quejo-. ¡Es un asunto serio! [Ortiga: claro, claro. Qué insensible de mi parte. Está bien, tranquilo. Hablemos de ello, entonces. Pero… eh… tengo un poco de… sed. Sí, eso, sed. ¿Por qué no te sientas un momento en ese banco y me esperas? Voy a ir a comprar una botella. No tardaré]
--Que tu padre le pregunte a mi madre si le parece bien que resucite a su esposa muerta hace catorce años no debería molestarnos, ¿verdad? [Ortiga: nevermind]
--Oye, es mejor que dejemos esta conversación.
--Escucha, Arturo. Mi madre y yo apreciamos mucho que tu padre quisiera devolver la vida a su esposa [Ortiga: ¿lo hacéis? O.o?]. Es un gran signo de amor [Ortiga: yo no lo describiría así, pero… bueno, vale o.o]. Y nos gusta la idea [Ortiga: ¿en serio?], pero tienes que pensar en...
--¿A ti te gustaría que tu marido quisiera resucitarte si te murieras? -le pregunto inesperadamente [Ortiga: cosa que podría pasar, es perfectamente posible].
--Claro que me gustaría [Ortiga: ni siquiera necesita pensárselo. No es como si pusiera en cuestión consideraciones filosóficas de ninguna clase].
--Pues eso es lo que intentaría si me casara contigo algún día... [Ortiga: que lo sepas. Zarza: si me casara contigo algún día, y si te murieras] Aunque no creo que eso ocurra... [Zarza: porque eres inmortal] -y dando la conversación por terminada, me despido de ella-. Hasta mañana.»
MASSIVE WHAT. THE. FUCK. O.O

-Todos los personajes, independientemente de su edad, hablan como si fueran niños pequeños:
«--¿Qué os pasa? Os veo muy alterados.
--Estamos tratando un asunto de personas mayores -responde Metáfora [Ortiga: y ahora vamos a jugar a las mamás y a los papás, pero tú no puedes jugar con nosotros]

-Out of context shipping.
«Arturo se despojó de sus ropas para meterse en el agua. Su magnífico cuerpo adornado con las bellas letras de tinta despertó la envidia de Crispín» Shipping!!!!! *-*!!!!
Más adelante, Arquimaes quiere dibujarle un nuevo tatuaje a Arturo antes de la batalla, así que se lo lleva con él a un cuarto oscuro, los dos solitos:
«--Maestro, ¿queréis dibujarme esto en…?
--Sé que es el mejor sitio. Lo he estudiado a fondo y estoy plenamente convencido de que producirá los efectos que deseamos.
Arturo respiró profundamente […].
--¿Cuándo queréis hacerlo?
--Ahora mismo.»
No puedes esperar, ¿eh, pillín?

-Vergüenza ajena:
El padre viudo y la profe soltera dándoles la gran noticia a sus hijos:
«--Como todo el mundo sabe, cuando las personas se hacen amigas y se van conociendo, resulta que puede nacer en ellas un sentimiento más fuerte que la amistad… ¿No? Bueno, pues Norma y yo nos hemos ido conociendo y hemos descubierto que… Bueno, pues que…»
**Ortiga no puede soportar la vergüenza ajena y sale huyendo despavorida**
¿Lo peor? Que no están anunciando que van a casarse. Están informando a sus respectivos hijos de que «se han enamorado». Who the fuck does that??

-Las grandes enseñanzas del libro:
El protagonista, que «posee la fuerza e inteligencia de un dragón», dice: «Prefiero morir como un valiente antes que dejar que piensen que tengo miedo». Conclusión: los dragones no solo eran muy cortos, además tenían un orgullo obeso, hasta el punto de darles igual que por su culpa otras personas sufran/mueran siempre y cuando ellos se libren de ser considerados cobardes.

El prota medieval tiene un duelo a muerte con un malo de Chungolandia al que mata en combate singular. Una vez el malo en el suelo, ya fiambre, y toda la gente ovacionando muy emocionada, le quitan el casco al malvado y resulta que es el ligue del prota, que se ha hecho pasar por el otro para batirse en duelo con Arturo (por motivos muy largos y absurdos que no me apetece explicar). «¡El que mata a la chica que ama no puede vivir en paz!» Conclusión: no pasa nada por matar gente, sobre todo si son de los malos, pero ojito si es la chica que te mola.

Metáfora (alter ego medieval de la iluminada de la flecha de más arriba) afirma: «No puede haber pasillos tan largos. No habría oxígeno.» No sé de dónde sale este conocimiento. Me pregunto si será del mismo sitio de donde salió la convicción de que la mejor manera de extraer una flecha es empujando.

«Lo que se cierra con facilidad solo puede ser abierto con gran esfuerzo». Esto es sabiduría ancestral.

«--No debes enamorarte de cada hombre que te salve la vida». Esa frase me inquieta: implica que va a haber varios atentados contra tu vida.

-Y ya por último. Fragmentos fantásticos:
«Tenía los ojos entornados pero no veía lo que había entre ellos…» [Zarza: ¡se me ha metido algo en el ojo!]

«Me han dicho que un oso volador entró anoche en los establos y ha hecho esta escabechina.» xDDDDD

«¡El mundo se ha vuelto loco! Los nobles traicionan a su rey; los hechiceros nos acosan con sus bestias asesinas; los campesinos se niegan a pagar los impuestos; los aldeanos cazan en nuestros bosques; los proscritos viven al margen de la ley, las enfermedades nos persiguen…» Qué cosas más raras, no cabe duda. [Zarza: me sorprende que en esa enumeración no entre el oso volador, sospecho que el narrador está siendo passive aggressive.]

«--¡Venga, Cristóbal, ponte de rodillas! -le ordena (Horacio).
--¡Ya os he dicho que no lo voy a hacer!
--Venga, hombre, pero si nos ha contado Mireia que lo haces cuando ella te lo pide.
--¡Eso no es verdad! ¡Yo no soy un perro!» Los perros se ponen de rodillas. Yo, no.

«--No te pongas nervioso. Es posible que solo le estén cosiendo alguna herida sin importancia…» Seguro que ahora se siente mucho más tranquilo. Gracias.

«--Esas fosas nasales no son humanas y tampoco la mandíbula» xDDDDDDDDD

«Después de intercambiar algunas estocadas, la espada de Arturo se clavó en el pecho del guarda, en el hueco que queda entre la cota de malla y la coraza.» Y esto ¿cómo se come clava?

¡¡Nooooo!! Demónicus, asesino sin corazón.
¡Nunca te lo perdonaré!
Comparaciones que no deberían hacerse, porque crean una asociación no deseada entre el referente y la imagen:
«--Muchas armas estaban untadas con veneno –explicó Arquimaes-. Demónicus no tiene piedad. Extermina a la gente igual que un campesino arranca las malas hierbas de sus campos de labranza. Y nosotros no podemos hacer nada. Sus venenos son muy poderosos.»
Por si alguien necesita aclaración, lo explicare: supuestamente Arquimaes considera a Demónicus [mago tenebroso, lo aclaro porque el nombre no da ninguna pista] un alma malvada y sin redención posible: es malo, malo hasta el tuétano. Pues este chungo de Chungolandia es comparado con un campesino que arranca malas hierbas, así que, una de dos: o bien ser campesino/arrancar malas hierbas es un acto de inefable maldad (¡asesino!, ¡pobres malas hierbas!), o bien Demónicus en realidad no es malo y sólo está haciendo lo que debe para sobrevivir (arrancar las malas hierbas para disponer de la tierra de cultivo y que las plantas comestibles no mueran). [Zarza: monstruo. Las malas hierbas se comen. Pero no nos comáis]


Y estos es todo por hoy, hierbajos y hierbajas. Espero que hayáis disfrutado esta entrada. Yo no disfruté el libro.

Quemadlo.





En mitad del Concurso-Sorteo
Yo también quiero ser una mala hierba,
evento patrocinado por...

Somos dos chicas aficionadas a la lectura y en nuestro blog podéis encontrar reseñas de todo tipo y otras secciones interesantes como debates o nuestra Cadena de libros. Estamos encantadas de ser patrocinadoras de estas Malas Hierbas para que desarrollen el macabro plan que se traen entre manos y nos hagan la vida un poquito más feliz a todos.

17 comentarios :

  1. Muy exhaustiva la crítica, y no es para menos. Me reí mucho mucho XD.
    Aprovecho de compartir una cita del final del segundo libro.

    Contexto: La Fundación explotó no me acuerdo por qué y Arturo está hablado con su difunta madre. Por cierto, el niño este está viviendo en casa de la niña esa.
    —Ayer, Metáfora me enseñó algo asombroso. Cuando llegué por la noche, me llevó a su habitación, se puso de espaldas y me mostró su espalda. ¡Estaba llena de letras! ¡Iguales que las mías! Solo queda por saber si tiene los mismos poderes que yo. Y también debemos averiguar si es inmortal. Solo hay una forma de saberlo. Y tiemblo al pensar en lo que puede pasar si descubrimos que no lo es. Lo importante es que ahora somos iguales. Estamos unidos por la fuerza del dragón.

    No sé qué les parece. Yo lo encuentro perturbador en muchos niveles.
    Eso, eso. Adiós :)

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  2. «No puede haber pasillos tan largos. No habría oxígeno.» Está claro en qué lugar escribió García-Clairac esta trilogía. En un pasillo muy largo.

    Dios, cómo me he reído (por no llorar) con esta reseña/crítica. En serio, no me puedo creer que un editor se haya levantado una mañana y haya pensado "Oh well, why not? Vamos a publicar esto :D" Que estos libros se publiciten como la nueva novela fantástica juvenil es chungo (chungo de Chungolandia, que diríais vosotras), no sólo por la calidad del texto, también por los valores y enseñanzas que transmiten. La escena en la que Arturito amenaza al otro chico es enfermiza y repulsiva. En serio. Está bien hacer bullying a los que te lo hacen a ti, porque ellos son muy malos y tú moralmente muy superior, y necesitan que alguien les de una lección. Vomitivo.

    Por otro lado, visto lo visto aquí no harían falta las shipping googles. Ya las tenía puestas García-Clairac mientras escribía esas escenas (en un pasillo muy, muy largo).

    Creo que esta ha sido una de las reseñas con las que más me he reído, pero me ha dejado una sensación muy extraña en el cuerpo. Pensar que durante un momento existió la posibilidad muy real de que mi hermana hubiera estado a punto de leer este libro (y encima regalado por MÍ), me preocupa.
    *Margarita out*

    PD: Pergamino de papel. Seh. Gran labor de documentación la de este señor (pobre, en ese pasillo no habría libros. Ni wifi).

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  3. @Vale. ¡¿Piesa cargársela?! o.O?? [¡¡porfi, porfi, porfi...!!]

    @Liliputiense. xDDD Me matas. Estás hecha toda una mala hierba e.e ¡Ese es el espíritu, Margarita!

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  4. Intenté leerme este libro hace unos años. No pude. Un niño con un dragón en la frente (o lo que fuese) no me parecía algo serio.

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  5. Dioss esta segunda parte ha sido peor que la anterior...
    Quien cojones aplaude a una profesora nueva cuando entra en una clase?? Por otro lado es comprensible, porque en la época del yayo (autor) los profesores acojonaban...
    Y que bueno es Arturo eh? El mejor de la clase!! Pero que chico mas bueno y listo que hace que su madre hiper preñada viaje al desierto y para allí muriendo ella...muy bueno si.
    Lo de el dragon en la frente y la " pelea" con el abusón.. Además de bueno es el mas chungo del lugar.

    En serio, porque publican estas cosas? Cuestión de mal criterio? O enchufismo?

    Lo bueno, el ratito leyendo esta critica, me he reído muchisimo!

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  6. @Ortiga. En esta ocasión no he tenido que esforzarme mucho para ser mala, el libro lo merece (y de verdad que me da un poco de repelús). Por otra parte, ¿os he dicho lo mucho que me gusta el regreso de los Innombrables? (ノ◕ヮ◕)ノ*:・゚✧

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  7. Pero pero... ¿Qué edad tenía cuando la escribió? Lo mism fue "ese amigable primer libro que deberían haber dejado en un cajón". Lo mismo ahora está crecidito pero en el momento era un imberbe.

    Por cierto, creo Ortiga que te va a gustar esta entrada que vi en un blog de literatura.

    http://abookishexperience.wordpress.com/2014/11/07/alianzas-romanticas/

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  8. @Ortiga: No sé O_O , nunca terminé la trilogía (por razones obvias). O va a tratar de matarla o simplemente no se da cuenta de lo inquietantes que suenan sus palabras.

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  9. Mira, nunca suelo comentar y me he mantenido como seguidora (y admiradora anónima) unos cuantos meses, pero ahora hablo, venga.
    Por cierto, que eso suena muy a "tengo muchas cosas que deciros", y no es el caso XD

    Siempre veía el maldito libro por las estanterías (hasta me ha perseguido alguna vez en ebook) y mira. Mira. Lo único que puedo decir es que todas y cada una de las veces que leía la sinopsis y demás, pensaba "tiene pinta de truñaco de aquí a vete a saber". Y está claro que así es.

    Yo qué sé qué pretendía este señor, pero esto me recuerda a texto escrito por un niño de 12 años. En general todo, de verdad. Y si todavía fuera un niño de 12 años, pues tendría mérito y todo por haber tenido la imaginación y la paciencia de terminar un libro. Pero que esto lo haga alguien con semejante edad.. yo qué sé. Es un por qué muy grande.

    Que por cierto, los nombres de los personajes no podían ser un poquito más horrendos, ¿no?

    Bueno, que me he reído muchísimo (como siempre), y a ver si soy una persona más activa y comento más, que de verdad que adoro el blog.

    Un saludo :)

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  10. Jo, aún recuerdo cuando las únicas personas a las que podía traumatizar contándoles estas monstruosidades eran solo Zarza, Cardo y Cicuta. Y pensar en todos los que os prestáis a ser traumatizados ahora... soy una mala hierba tan feliz esta mañana **suelta una lagrimita ácida**

    :D

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  11. Dios qué bien me ha venido la reseña para reírme un rato XDD Pero me parece que te has dejado un gran punto en el tintero que es el motivo principal de mi trauma con este libro: la manera de la que el padre de Arturo pretendía resucitar a la mujer era metiendo su alma en el cuerpo de la profe, o algo así. Y a la profe le parecía estupendo.

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    1. Eso es... Siniestro... Muy siniestro...

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  12. OSTRAS TÚ!! O.O!!!
    Eso me lo salté. Santo Dios.
    O.O
    O.O
    .
    .
    .
    DIOS MÍO O.O

    Menxudis, ¿por qué me odias tanto? Ahora estoy infinitamente más traumatizada de lo que estaba antes T-T Me voy a llorar a mi rincón.

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  13. Lo siento, necesitaba compartir mi trauma. Todavía me entran escalofríos cada vez que me acuerdo >.<

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  14. Todavía no sé que es lo que me dejado más WTF si el nacimiento de Arturito en el desierto o el plan de resucitar a su madre. Aunque el resto no tiene desperdicio tampoco .___.

    P.D: aunque me he cambiado el user soy Elewen ^^!

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  15. Por desgracia (para mí, que me estoy leyendo estos libros) aquí si estoy de acuerdo contigo en todo. No sólo es que en el libro no se tenga ni idea de lo que se habla muchas veces (la profesora de lengua suelta perlas como que la escritura es una "tecnología moderna", por ejemplo), es que va a peor. En el segundo libro el maravillupendo Arturo y el bondadoso Arquimaes tienen unas ideas que me parecía estar leyendo "Mi lucha".

    Resulta que para resucitar a la novia tiene que sacrificar a otra chica para que el alma se meta en su cuerpo o algo así. Pues bien, no sólo eso no le supone ningún conflicto moral y le parece fantástico con tal de recuperar a su chica. Resulta que para ello eligen a una muchacha y Arquimaes se la lleva al sitio sin decirle lo que van a hacer con ella (a la tía le gusta Arturo y este le dice que si la acompañan a un sitio lo ayudará). Y además la pobre no está en el pleno uso de sus facultades mentales, así que se marcan la jutificación de que como es una loca desgraciada eso es lo mejor que le puede pasar o algo así. Y ambos contentísimos y diciendo lo buenos y nobles que son, luchando por eliminar a los malos y fundar el reino ideal, del que ellos serán los gobernantes, por supuesto, porque ambos son paradigmas de justicia y bondad y bla, bla, bla.

    Aterrador. Estoy por comprobar si García-Clairac está relacionado con algún movimiento neo-nazi o algo, porque a mí esa escena me recuerda sospechosamente a la ideología del programa Aktion T-4.

    Saludos. M.

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  16. Por todos los pitufos o.o Conforme iba leyendo tu mensaje, M., mi horror iba in aumento. Estoy francamente aterrorizada por lo que me cuentas. Doy gracias de no haber tenido que leer el segundo libro, pero ahora yo también me cuestiono las afiliaciones de García-Clairac o.o

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