Donde la literatura y la maldad se toman un té

jueves, 10 de diciembre de 2015

Nadar o morir, de Arturo Padilla de Juan

Queridas encantadoras terribles malas hierbas, hoy os traigo un reincidente.

Se trata de Arturo Padilla, que ya debutó en este blog con Supervivientes detrás de las cámaras (podéis leer la crítica que hizo Ortiga aquí). Esta vez la novela afortunada se llama Nadar o morir y Arturo nos ha enviado un ejemplar por correo, dedicada y todo. Reconozco que me hace más ilusión de la que debería.

La sinopsis que aparece en la contraportada del libro es más bien parca, pero la incluiré aquí para que os situéis.

“Parece que nada en una piscina de fuego. A cada brazada, Bruno le gana segundos al reloj, mejorando su marca. No está entrenando para ninguna competición, sólo quiere alejarse: de quienes le hacen la vida imposible, de sí mismo, de su pasado y de aquello que ocurrió… por su culpa.
NADAR O MORIR es una novela realista sobre cómo aceptar las consecuencias de nuestros actos”.

Resumiendo. Niño al que le hacen bullying se siente culpable, intenta evadirse del mundo y termina aceptando su pasado.

Lo primero que tengo que decir sobre este libro es que tiene núcleo, así que ya podéis empezar todos a tirar cohetes. Teniendo en cuenta el título y la sinopsis es evidente cuál es, pero lo tiene y he decidido que con eso me doy por satisfecha. Sería algo similar a “o aceptas las cosas y sigues con tu vida o estas acaban por destruirte”. En general me parece un buen núcleo y en cierto sentido me gusta cómo está tratado.

La voz narrativa es en tercera persona, y se turna para pegarse a la conciencia de Bruno, el Lagartija, Mónica y Lidia (va alternando por capítulos de forma injustificada, la mayoría centrados en Bruno). Es horriblemente explicativa. Y cuando digo horriblemente quiero decir que la ahogaría sin piedad en la piscina que aparece en la novela con tal de que se calle. Aunque igual eso supondría adquirir evidencia empírica de que de hecho hay cosas que no se callan ni debajo del agua. Y entonces tendría que pegarle un tiro o algo. Todo muy violento y salvaje.

En fin. Yo entiendo que el libro es para adolescentes, de verdad que lo entiendo, pero os juro que no creo que les vaya a pasar nada por pensar un poco de cuando en cuando.

Más cosas de la voz narrativa y la prosa. La selección de elementos es normalita, y en general no hay cosas que hagan daño a los ojos, aunque hay alguna comparación/metáfora que me ha hecho levantar una ceja. Desde mi ignorancia, la autoridad racional en materia de piscinas no pinta mal, aunque la autoridad emocional a veces me resulta un tanto dolorosa de ver. Eso sí, en general el texto es más plano que un tranchette.

Los personajes, con todo, no son tan terribles como me esperaba. Dejando de lado el hecho de que la voz narrativa nos destripa constantemente sus sentimientos, recuerdos, pensamientos y motivaciones, la verdad es que a veces hasta resultan pasables.

Destaca Bruno, cuyo objetivo principal es que le dejen en paz, y cuyo objetivo soterrado (a veces menos soterrado de lo que me gustaría) es que le sigan haciendo bullying porque cree que se lo merece. Ignorando por un momento que la culpa se debe a un accidente del pasado y no al abuso en sí, lo cierto es que es un sentimiento bastante generalizado en las víctimas, así que estoy muy contenta de que aparezca en la novela. Bruno es un personaje muy deprimido, muy obsesionado y muy adolescente. Se autocompadece, escribe poemas, cree que nadie le entiende… Vamos, que lo veo muy bien construido para su situación, si acaso un tanto plano, y un poco ingenuo para estar en segundo de bachillerato (no sé si interpretar que esto se debe a que el chaval es de pueblo y allí no tienen la malicia de la ciudad, o es que en general es así de blandengue). Hay cambio en el personaje, por cierto.

La madre de Bruno destaca junto con Santi por ser los personajes más cutres de toda la novela (exceptuando a personajes fantasma que rondan por ahí, como el socorrista o los amigos del Lagartija). Ella es la típica madre-policía estresada. Es pesada y no quiere ser la mala de la película, pero lo acaba siendo. No da la impresión de que Bruno y ella se importen mucho mutuamente. En cuanto a Santi, es el típico tutor joven y guay que sospecha la situación de acoso escolar e intenta ayudar sin conseguirlo (y francamente, sin mojarse [Genius, I know] mucho). Planos, con objetivos simples y sin cambio.

Lidia también es bastante triste en ese sentido. Es la típica chica maja que resulta mona sin ser una atractiva devorahombres. Su objetivo principal es conocer y ayudar a Bruno y no tiene objetivos inconscientes. No hay cambio en este personaje, pero es el primer impulso para que Bruno quiera pasar página. Con el padre de Bruno sucede algo similar: es el policía bueno de la casa. Sumiso, tranquilo y secretamente perspicaz (no demasiado, tampoco nos emocionemos). Empieza siendo el esbirro de la madre y acaba intentando hacer lo posible por ayudar a su hijo. No tiene objetivos inconscientes.
Mónica, fuerza de la naturaleza.

Mónica es la atractiva devorahombres. Empezó siendo mi personaje favorito, pero al final me decepcionó bastante. Se nos presenta como una depredadora adolescente que se quiere ligar a Bruno, supongo, por el aura de fragilidad que rodea al pobre muchacho. Parece una cuestión de poder: a ella le rompieron el corazón y no quiere volver a sentirse vulnerable. Sin embargo, aunque está caracterizada como una criatura sin piedad, ella sí ha perdonado a Bruno por el misterioso accidente de su pasado (CHAN CHAN CHAAAN), lo cual la hace menos plana. Algunos aspectos de su caracterización están exagerados [hola, mujer súcubo], pero tiene muchísimos objetivos: ligarse a Bruno, ayudar a Bruno, volver con su ex, vengarse de su ex, vengarse de Bruno... Los cuales se van haciendo conscientes o inconscientes según evoluciona el personaje. Y en realidad evoluciona bastante teniendo en cuenta lo corto que es el libro y que se trata de un personaje secundario. No obstante, me gustaría que todos sus objetivos no parecieran tan sacados de una telenovela, que su relación con el ex no fuera tan acartonada y que al final del libro no terminara presentada como un personaje tan unidimensional: vuelve con su ex y su único objetivo pasa a ser vengarse de Bruno. Fin. Sin embargo, me gusta bastante el hecho de que el protagonista reaccione hacia sus atenciones como lo que es: otro tipo de acoso. Muy pocas veces veo esto en literatura juvenil, y menos siendo el hombre la víctima. Aleluya. Estas situaciones también existen.

Y por último llegamos al Lagartija. Su objetivo es acosar a Bruno porque le culpa (supongo que porque en el fondo también se culpa a sí mismo y no es capaz de superar el trauma por el accidente). No tiene objetivos inconscientes, pero sí cambio. Es el antagonista chungo de Chungolandia, y solo remonta un poco como personaje en la última escena. Sus percepciones sobre el instituto son bastante inverosímiles, así como la construcción de su relación pasada con Bruno.

En cuanto a los diálogos, tengo que decir que son un tanto planos y típicos. Los únicos que tienen algo de trasfondo son las escenas de flirteo entre Lidia y Bruno y los diálogos de discusión con los padres. En general las voces no son muy reconocibles, quizás exceptuando la de la madre, que siempre suena acusatoria.

Por cierto, no suelo hablar de esto, pero voy a hacer una excepción. Con respecto a la gestión de la tensión narrativa hay varios problemas: por un lado, los intentos desesperados del narrador por esconder el traumático accidente al lector, que no acaban de funcionar y son muy forzados (y no justificados, así que en este caso sí afectan a la calidad literaria). Por otro, lo predecible que es la trama a pesar de todo. Y lo irritante que resulta.

Como fallo adicional, mencionar que hay un deux pater ex machina al final con la notificación policial, y que lo del cactus es hortera con avaricia. Aunque nada tan terrible como lo dolorosamente explicativa que es la voz narrativa, por supuesto.

Y con esto llegamos finalmente a la parte en la que me río.

-Mónica, fuerza de la naturaleza. Lo he puesto antes en una imagen y no era broma. Mónica invoca huracanes, incendios y demás desastres naturales con sus "ojos verdes de selva". Algunos ejemplos:

Los ojos verdes Mónica se agitaron. Un viento huracanado sacudía la selva esmeralda que se concentraba en su mirada.

Sus ojos se agitaron.
El huracán de los ojos de Mónica creó un poderoso torbellino alrededor de ellos dos. Sus cuerpos temblaban mientras todo daba vueltas. Ella no pudo retenerse y le dio un tiburonazo tortazo.
No pudo retenerse.
Los ojos verdes de aquella chica se le habían quedado grabados en las retinas, unos ojos que concentraban una tormenta tropical.

Se encontró con sus ojos verde ardiendo en llamas. Fue lo último que vio antes de salir corriendo.

Etcétera.

[Tenía alguna cosa más señalada para la sección de carcajadas, pero soy incapaz de recordar dónde apunté las páginas. Después de todo, esta entrada está escrita desde hace tiempo, y entre unas cosas y otras no tengo la novela tan fresca como me gustaría. En fin, es lo que tiene fugarse al otro lado del charco y pasar dos semanas recorriendo dos estados arriba y abajo, pero ha merecido la pena: poder quedar con Cardo en Boston y con Cicuta en Nueva York no tiene precio (aunque al final Cicuta no acudió a nuestra quedada, para que veáis que es una mala hierba de primera >w<).]

Volviendo al tema que nos ocupa, no puedo terminar esta entrada sin mencionar uno de los pocos momentos en los que la voz narrativa tiene a bien dejar que el lector interprete algo, por evidente que sea: Bruno tiene un pez y, aunque sus padres insisten en comprar más para el acuario, él se niega, ya que no quiere correr el riesgo de que los otros peces ataquen al suyo. No sabéis cuánta esperanza sentí al leer esa escena.

Qué puedo decir, si dejaran esta novela en mis manos, me armaría de tijeras y quitaría más de la mitad (todo explicaciones y resumen narrativo). ¡Tachán! Se convertiría en un relato. Y no habría epílogo, porque claramente soy un alma más sádica que el autor de este libro.

Ah, las posibilidades.

De verdad, si Nadar o morir no fuera tan horriblemente explicativo, habría considerado incluirlo en la sección de honrosas excepciones. Una pena. Aunque comparando esta novela con la anterior, parece evidente que ha habido una mejora importante en la escritura del autor. Así que lo que realmente me queda por hacer es darle la enhorabuena a Arturo. Felicidades. Y, por supuesto, ánimo con la siguiente ;)

No os quiere,

Z.

5 comentarios :

  1. Hola :D
    Los objetivos inconscientes han salido en alguna que otra entrada, pero no los pillo. ¿Podríais explicarlos con algún ejemplo, por favor?
    Y otra cuestión (^^'): ¿está bien que el narrador se pegue a los personajes en todas/ciertas ocasiones para transmitir con más fuerza lo que están viviendo? Quiero decir: tenemos a un personaje en una situación peligrosa; para enfatizar ese riesgo, el narrador comenta: "Qué complicado se estaba volviendo todo aquello".
    Perdonen mi ignorancia y reciban unas sinceras gracias :D

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  2. Acabo de leer el primer capítulo y me ha parecido que está muy bien escrito. Supongo que necesito una entrada sobre ser explicativo, no serlo, y por qué es bueno no serlo. Aunque os he leído alguna anotación puntual sigo sin entenderlo.

    Creo que el libro lo compraré, sobre todo por el precio que tiene. Saludos hierbas.

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  3. En algún momento quiero hablar de todas esas cosas en Yo también quiero ser escritor. Tendréis que tener paciencia conmigo: soy lenta =P


    Con amorr,

    O.

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  4. Definitivamente habrá que hablar de todos estos términos, anónimo. A veces noto que la gente se nos pierde.

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  5. Es una crítica muy dura, pero no de opiniones, sino de opiniones con ejemplos en cada caso. Un trabajo admirable!!!!

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